El texto que presentamos a continuación fue escrito para su primer número por el entonces Comité Editor de Contemporánea integrado por Aldo Marchesi, Vania Markarian, Jaime Yaffé. En los años sucesivos el equipo de la revista ha incorporando otros colaboradores al comité editorial. Entre el 2013 y 2014 formó parte Mariana Iglesias. En ese último año se integraron Magdalena Broquetas y Diego Sempol. En el 2017 contamos con dos nuevas incorporaciones: María Eugenia Jung e Inés Cuadro. Esta ampliación supuso sumar a los avales institucionales al Departamento de Historia del Uruguay de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. Por último señalar que estos cambios no han significado un replanteo de los objetivos iniciales que motivaron que Contemporánea saliera a la luz, pero sí han enriquecido las miradas historiográficas sobre los temas, problemas y períodos a los que se aboca la revista.

En Uruguay, la historia se escribe desde muchos lugares. Son varias las instituciones dedicadas a la investigación y la enseñanza de temas históricos, así como las personas que desarrollan sus proyectos de manera independiente. Esta dispersión de recursos materiales y humanos no ha tenido necesariamente consecuencias negativas para la producción y transmisión del conocimiento histórico. Por el contrario, ha posibilitado el desarrollo de diversos campos (historia económica, historia política, historia reciente, historia cultural, entre otros) que han hecho contribuciones importantes a la renovación de la historiografía uruguaya. Sin embargo, también es cierto que han sido escasos los espacios para generar intercambios entre estas diversas instituciones y personas dedicadas a la historia.

Las revistas han sido siempre buenos vehículos para promover el diálogo académico. A través de la publicación de trabajos en curso, de la presentación de debates, así como de las entrevistas y las reseñas de eventos o libros recientes, las revistas contribuyen a consolidar campos de estudio más ricos y articulados. Pero desde hace décadas que las revistas de historia no logran continuidad en Uruguay. En ese contexto, el primer objetivo de Contemporánea es promover un necesario espacio de intercambio y diálogo entre quienes se ocupan de los estudios históricos desde diferentes lugares y posiciones.

No nos proponemos abarcar todos los períodos y temáticas que se cultivan en nuestro medio.

Los editores nos hemos desarrollado profesionalmente en lo que en términos generales se ha llamado “historia reciente”, un campo de investigación amplio e interdisciplinario sobre los procesos históricos de las últimas décadas del siglo pasado. La constatación de las posibilidades y limitaciones de nuestro entorno inmediato nos ha inspirado para llevar adelante este proyecto. La riqueza de la “historia reciente”, su impulso a una amplia gama de enfoques, su capacidad de innovación heurística y su voluntad de intercambio interdisciplinario, se han visto limitados muchas veces por un exceso de autorreferencialidad y una escasa apertura a otras épocas. En este sentido, el nombre de nuestra revista no es casual. Lo que nos anima es reintegrar lo reciente a lo contemporáneo; dialogar más fermentalmente con otros períodos y con procesos históricos de larga duración que aún mantienen dimensiones contemporáneas. Aspiramos a una mayor densidad histórica en el análisis de los períodos más cercanos. Este es el punto de partida desde donde invitamos a una diversidad de investigadores a participar de la reflexión sobre diferentes aspectos de la historia del siglo XX a través de números temáticos.

Además, Contemporánea quiere trascender el espacio de reflexión que marcan las fronteras nacionales. Por eso, las convocatorias han sido y serán abiertas a todos quienes trabajen fundamentalmente sobre América Latina. Dos motivos nos han impulsado a desarrollar esta línea de trabajo: por un lado, la necesidad de establecer diálogos entre historiografías que muchas veces comparten intereses y enfoques pero tienen muy poco contacto institucional e intelectual; por otro lado, la constatación de que para entender varios fenómenos históricos del siglo XX es necesario ir a la vez más allá y más acá de los límites de la nación y el Estado. En este sentido, queremos motivar investigaciones de lo local y lo transnacional, es decir, escalas que pongan en cuestión la centralidad que la historia nacional ha tenido en nuestra historiografía (y en tantas otras).

La revista surge en un particular momento de nuestras ciencias sociales. Los impulsos dados por la Universidad de la República y la Agencia Nacional de Innovación e Investigación (ANII) a la profesionalización de nuestra academia y su adecuación a los criterios de producción y evaluación predominantes en los países centrales tienen también un impacto sobre la forma de concebir un proyecto editorial de estas características. Por encima de los riesgos de imitación acrítica, los editores de Contemporánea apostamos al efecto positivo de estos procesos sobre la manera en que hacemos historia en Uruguay. Por eso, nos hemos esforzado por cumplir con los criterios que hoy definen a una revista académica arbitrada. Al mismo tiempo, queremos expresar nuestro deseo de que la opción por la profesionalización no vaya en detrimento del contacto con otros públicos lectores que en el caso uruguayo siempre ha tenido la producción historiográfica del más alto nivel.

Somos plenamente concientes de que Contemporánea trasciende el trabajo y la voluntad de sus editores. Ha sido posible gracias al apoyo de un comité asesor integrado por Gerardo Caetano, Álvaro Rico y José Rilla, quienes se mostraron muy entusiastas frente a nuestro planteo inicial. Cuenta con aval institucional de los servicios donde trabajamos: el Archivo General de la Universidad de la República, el Centro de Estudios de Interdisciplinarios Uruguayos de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación y el Instituto de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales. La Comisión Coordinadora de la Comunicación  Central de la Universidad de la República ha hecho posible su  publicación. También  recurrimos a muchos amigos y colegas,  especialmente los del grupo de asistencia editorial, que nos ayudaron a hacer frente a los múltiples requerimientos que plantea una revista de este tipo. Tuvimos, por último, la suerte de poder conformar un comité académico plural en cuanto a pertenencias institucionales, orígenes nacionales, áreas de estudio y hasta composición generacional, cuyos integrantes nos han honrado con su participación.

Queremos, para terminar, recordar el momento preciso en que este proyecto, más de una vez imaginado por sus editores en años de trabajo conjunto, logró concretarse con el nombre de Contemporánea. Fue en setiembre de 2009, justo después de la muerte de José Pedro Barrán. Sentimos entonces (y seguimos sintiendo hoy) que se trataba de una pérdida irreparable para la historiografía uruguaya, entre otras razones, porque Barrán fue uno de los últimos intelectuales que reunió el consenso y la admiración de la comunidad local de historiadores y que logró vincular diferentes visiones del trabajo historiográfico. Conscientes de la imposibilidad de sustituir ese lugar y esa función, pero haciéndonos cargo del desamparo que nos dejaba su ausencia, pretendimos crear una instancia para establecer puentes y diálogos en esta comunidad fragmentada. En la medida en que empecemos a cumplir con ese objetivo, podremos decir que Contemporánea nació también como un homenaje al maestro.

Aldo Marchesi, Vania Markarian, Jaime Yaffé