Bibliográficas

Rafael Pedemonte, "Guerra por las ideas en América Latina, 1959-1973. Presencia soviética en Cuba y Chile". : Reseña bibliográfica.

Mario Vega Henríquez
Universidad de Chile, Chile

Claves. Revista de Historia

Universidad de la República, Uruguay

ISSN-e: 2393-6584

Periodicidad: Semestral

vol. 7, núm. 12, 2021

revistaclaves@fhuce.edu.uy

Pedemonte Rafael. Guerra por las ideas en América Latina, 1959-1973. Presencia soviética en Cuba y Chile. 2020. Santiago de Chile. Ediciones Universidad Alberto Hurtado. 444pp.


El autor, doctor en Historia por la Universidad de la Sorbona (Paris I) y Pontificia Universidad Católica de Chile, participó en un programa de posdoctorado en la Universidad de Gante (Bélgica) y se desempeñó como académico e investigador en la Universidad de Poitiers (Francia). Ha publicado trabajos sobre historia cultural en el siglo xix chileno y artículos sobre temáticas referidas a las relaciones internacionales durante la Guerra Fría.

En primer lugar, se trata de una valiosa obra que establece en la cultura el prisma que le permite analizar los ejes de la relación política y diplomática entre la desaparecida Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (urss) y América Latina durante los llamados largos años sesenta, signados por la irrupción de la Revolución Cubana, así como por el reformismo de Eduardo Frei y el proyecto de la Unidad Popular en Chile. Un intenso proceso temporal que tuvo como telón de fondo el establecimiento del marco de coexistencia pacífica definida entre las las superpotencias a partir de 1962.

De este modo, en la perspectiva de un análisis descentrado de la confrontación bipolar, su primer capítulo «América Latina ingresa en la Guerra Fría», desarrolla la idea de que a partir de 1959 la región dejó de ser un objetivo marginal para la urss, viéndose esta forzada a adoptar una mirada renovada sobre el continente incrementando sus contactos a nivel oficial. El aporte de una activa contraparte de personalidades locales fungió como aval de este incipiente intercambio, implementándose así una activa «diplomacia cultural» mediante visitas de artistas e intelectuales, así como la creación de institutos culturales binacionales en países como Cuba, México y Uruguay.

Luego, el segundo acápite «Los nuevos socios latinoamericanos de la urss: Una primera etapa de acercamiento con Cuba y Chile», se centra en el análisis de los vínculos que la potencia establece con ambos países latinoamericanos. En el primer caso, luego de una fase inicial que el autor denomina «de ambivalencia y escepticismo» (p. 61), en que el gobierno revolucionario dirigido por Fidel Castro abandona su posición de relativa distancia para posteriormente efectuar elocuentes gestos de acercamiento político hacia Moscú. Lo anterior, como respuesta al contexto generado por la crisis de 1962-1963 con los Estados Unidos, así como su expulsión de la Organización de Estados Americanos (oea) y el consiguiente aislamiento diplomático y comercial de la isla promovido por Washington.

La posición de distancia asumida por Ernesto Guevara ante Kremlin y su desafiante actitud ante el principio de coexistencia pacífica, constituyó un complejo trance para los intereses soviéticos en la región. La tesis del foquismo proclive a extender sobre el continente levantamientos insurgentes, ratificada en su obra «Guerra de Guerrillas: un método» (1963) y respaldada por el influyente Régis Debray, plantearon una divergencia con la estrategia gradualista del Movimiento Comunista Internacional (mci), que obligó a Moscú a desplegar a sus mejores alfiles en el debate dentro de esta organización. Ante esta, aparentemente insalvable divergencia, la posición de relativa autonomía de los cubanos quedó reflejada en la expresión del propio Fidel: «El deber de todo revolucionario, es hacer la revolución».

En la vereda opuesta, la estrategia de diversificación de los vínculos político-económicos impulsada por el democratacristiano Eduardo Frei a partir de 1964, en especial hacia Europa del Este, encontró en la urss una cálida recepción que prosperó rápidamente gracias al activo rol de los embajadores Pacheco y Pinochet de la Barra, posibilitando múltiples formas de intercambio, entre ellos el cultural y académico. Lo anterior, entre otros motivos porque se observaba en el carácter progresista del reformismo chileno, un proceso similar al de una revolución democrático-burguesa concordante con gradualismo sostenido por el mci.

En una perspectiva distinta, «Un difícil camino hacia el fortalecimiento de las relaciones entre aliados ideológicos (1966-1973)» es el título del tercer acápite destinado a abordar tanto el proceso de normalización de las relaciones cubano-soviéticas, así como las complejidades que caracterizaron los vínculos entre estos y el gobierno de Allende en Chile. En el primer caso, el autor lo observa como un hecho derivado de las dificultades económicas experimentadas, así como por el fracaso de los movimientos guerrilleros respaldados por La Habana en el continente. En el segundo, el autor propone que, contra toda expectativa, existió mayor presencia de elementos de continuidad que de ruptura en los nexos chileno-soviéticos durante los gobiernos de Frei y de Allende.

El cuarto capítulo titulado «El dispositivo de acercamiento: una vasta red institucional para las relaciones culturales», se centra en la ofensiva cultural lanzada por Moscú hacia América Latina a partir de 1959, particularmente dirigida hacia Cuba y luego al conjunto de la región, en especial a Chile, como una de las prioridades de la era posestaliniana. Es en este marco que Pedemonte constata la opción del Kremlin por establecer esta definición mediante instituciones de nivel intermedio, por ejemplo, a través de centros culturales e incluso mediante la participación de privados, para propiciar tales intercambios. A diferencia de ello, en Cuba la magnitud de los lazos existentes privilegió el nivel oficial, dificultando una mayor fluidez de estos vínculos.

En contrapartida, el quinto capítulo «Taladrando la Cortina de Hierro: Una acelerada evolución de los desplazamientos humanos», se concentra en la presencia de latinoamericanos en la urss producto, por ejemplo, de la concesión de becas para realizar estudios superiores, de las giras de conjuntos artísticos y de las visitas realizadas por múltiples intelectuales, escritores y cineastas cubanos y chilenos. Lo anterior, desde luego como parte de dos énfasis claramente distintos: mientras que los primeros participaban de un amplio intercambio destinado a apoyar el proceso de transformación socialista en la isla, los segundos eran parte de un ámbito de solidaridad global. Incluso en tiempos de Allende, Chile nunca fue considerado parte integral del bloque socialista, a pesar del destacado rol desempeñado por el poeta Pablo Neruda y el influyente Partido Comunista de Chile (PCCh).

«Los intercambios Artísticos: recepción y distribución de los productos culturales en tiempos del acercamiento urss-América Latina» es el tema del capítulo sexto destinado a abordar el rol desempeñado por el intercambio de materiales culturales, un fenómeno de intensidades diferenciadas en el continente, pero que contribuyó a irradiar a las alteridades involucradas, por un lado como parte de la alianza entre Moscú y su contraparte caribeña, como también en la importante penetración de las producciones soviéticas en Chile, país en donde un halo de prejuicios y misterio fue el catalizador de un creciente interés por estas, que efectivamente, constata el autor, alteró las «representaciones predominantes» (p. 296) existentes sobre la «Patria de los trabajadores».

Finalmente, el séptimo capítulo: «Cultura e imaginarios: representaciones sociales en América Latina en torno a lo soviético» plantea un balance respecto de la activa política de promoción cultural impulsada por Moscú en nuestra región. Para el autor, sus resultados fueron disímiles construyendo en nuestros países un conjunto de imágenes heteróclitas siempre en relación con el contexto político específico de estos, imbricándose objetivos estratégicos y una sincera curiosidad por acercarse a ese ignoto mundo del Este. El fortalecimiento de vínculos de reciprocidad en este plano, implicó también opiniones discordantes sobre la denominada patria de Lenin por parte de los intelectuales latinoamericanos, hecho que expone una relativa disposición de apertura de la política cultural, ligada a los objetivos estratégicos de la urss. ♦

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