
REVISTA ENCUENTROS URUGUAYOS
VOLUMEN 18 – NÚMERO 2 JULIO- DICIEMBRE 2025
E-ISSN: 1688–5236
ARQUEOLOGÍA FORENSE Y TRAYECTORIAS: ALDO A. GERÓNIMO
DARDO FRANCISCO MOLINA
(1919-2025, TUCUMÁN, ARGENTINA) RUY D. ZURITA
GEMA HUETAGOYENA GUTIÉRREZ
ANDRÉS S. ROMANO
LUCIANO R. MOLINA
VÍCTOR ATALIVA
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puede dar cuenta de la complejidad de los contextos forenses. De hecho, la experiencia tanto
en el Pozo de Vargas como en el distrito militar Arsenales permite sostener que la
interdisciplinariedad contribuye al análisis e interpretación de las materialidades físicas —
muebles e inmuebles—, biológicas, químicas, etc., que componen todo contexto forense. Así,
por ejemplo, en ambos sitios se implementaron técnicas y metodologías de las ciencias de la
tierra (como la geología, que aportó desde la pedología, sedimentología, geoquímica,
hidrogeología, interpretación remota, etc.) (Binder y Ataliva, 2012; Zurita, 2019) y estudios
basados en la aerobiología y palinología forense (Vázquez, 2024; Vázquez et al., 2025),
contribuyendo con análisis desarrollados por primera vez, al menos en Tucumán, en causas
judiciales.
En sentido amplio, por su parte, la bioarqueología posibilita el análisis de segmentos
óseos humanos (considerando los agentes y procesos depositacionales y posdepositacionales
que interactuaron para configurar esos singulares contextos en el que son recuperados),
contribuyendo al abordaje de aspectos referidos a la determinación de sexo, edad, estatura,
patologías, dieta, etc. (Buikstra, 1977; Powell, 1985; Larsen, 1997; Buikstra y Beck, 2006). A
partir del desarrollo de la osteobiografía (Saul, 1972), el campo de indagaciones
bioarqueológicas se expandió notablemente, y cobraron relevancia las historias de vida y la
bioarqueología de los individuos (Robb, 2002; Gilchrist, 2004; Agarwal y Glencross, 2011;
Stodder y Palkovich, 2012). Asimismo, en los últimos años se llevaron a cabo estudios que
aplican la teoría de los tres cuerpos (Scheper-Hughes y Lock, 1987), mientras las
reconstrucciones osteobiográficas avanzaron de manera decidida en Sudamérica (cf. Fabra et
al., 2020), tanto en contextos prehispánicos como históricos (por ejemplo, Serna et al., 2015;
Araneda y Andrade, 2020; Canova et al., 2020; Gianotti et al., 2020; Phan et al., 2021; Pezo
Lanfranco et al., 2021). De estos ejemplos también se desprende que los haceres y prácticas
dejan indicios y marcas en una diversidad de soportes materiales, por ejemplo, en la
indumentaria (Romano, 2020, 2024) y en los complejos procesos de memorias, por lo que no
alcanza exclusivamente con los segmentos óseos para precisar las trayectorias personales.
Pozo de Vargas. Breve reseña
Una rápida exposición del trabajo desarrollado en el Pozo de Vargas no puede eludir algunos
aspectos centrales que posibilitarán una mejor exposición de las evidencias óseas y elementos
asociados correspondientes a Dardo F. Molina. El predio se encuentra en el departamento Tafí
Viejo, a unos cinco kilómetros al noroeste de la plaza principal de la Capital tucumana. A partir
de un primer relevamiento realizado hacia fines del año 2001, motivado por el requerimiento
de ex militantes políticos de la década del setenta (que disponían de datos sobre la existencia
de un pozo de agua en una finca propiedad de la familia de Antonio Vargas), y tras efectuarse
una denuncia formal ante la Justicia Federal de Tucumán, se inicia la intervención forense el
24 de abril de 2002. Dos semanas después, y a dos metros de profundidad, se detectan los
indicios de una estructura subterránea de mampostería de unos tres metros de diámetro y
comienza su excavación sistemática. Hacia fines de ese año, y a unos diez metros, los niveles
de la freática comenzaron a impactar en el interior del pozo (es decir, el relleno se
sobresaturaba rápidamente con agua, lo que impedía el avance de la excavación). A partir de