REVISTA ENCUENTROS URUGUAYOS
VOLUMEN 18 NÚMERO 2 JULIO- DICIEMBRE 2025
E-ISSN: 16885236
ARQUEOLOGÍA FORENSE Y TRAYECTORIAS: ALDO A. GERÓNIMO
DARDO FRANCISCO MOLINA
(1919-2025, TUCUMÁN, ARGENTINA)
RUY D. ZURITA
GEMA HUETAGOYENA GUTIÉRREZ
ANDRÉS S. ROMANO
LUCIANO R. MOLINA
VÍCTOR ATALIVA
1
ARQUEOLOGÍA FORENSE Y TRAYECTORIAS: DARDO F.
MOLINA (1919-2025, TUCUMÁN, ARGENTINA)
FORENSIC ARCHAEOLOGY AND TRAJECTORIES: DARDO F. MOLINA
(1919-2025, TUCUMÁN, ARGENTINA)
ARQUEOLOGIA FORENSE E TRAJETÓRIAS: DARDO F. MOLINA
(1919-2025, Tucumán, Argentina)
Aldo A. Gerónimo
1
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Argentina
Gema Huetagoyena Gutiérrez
3
Luciano R. Molina
5
1 Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). Instituto Superior de Estudios Sociales
(Conicet-Universidad Nacional de Tucumán). Colectivo de Arqueología, Memoria e Identidad de Tucumán,
Argentina. geronimo.aldo@gmail.com. ORCID: https://orcid.org/0000-0002-1128-1130
2 Colectivo de Arqueología, Memoria e Identidad de Tucumán. ruy57@hotmail.com
3 Colectivo de Arqueología, Memoria e Identidad de Tucumán. Complejo Científico Forense y de Criminalística de
la Corte de Justicia de San Juan. Equipo Mendocino de Arqueología y Antropología Forense, Facultad de
Filosofía y Letras, Universidad Nacional de Cuyo (Mendoza, Argentina). gemaguiomarhg@gmail.com
4 Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). Instituto Superior de Estudios Sociales
(ISES, Conicet-Univerisdad Nacional de Tucumán). Colectivo de Arqueología, Memoria e Identidad de
Tucumán (CAMIT). asromano@csnat.unt.edu.ar. ORCID: https://orcid.org/0000-0001-8900-3993
5 Colectivo de Arqueología, Memoria e Identidad de Tucumán. lucrod78@outlook.com
Colectivo de Arqueología, Memoria e Identidad de Tucumán, Argentina
Colectivo de Arqueología, Memoria e Identidad de Tucumán, Argentina
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Argentina
Colectivo de Arqueología, Memoria e Identidad de Tucumán, Argentina
Ruy D. Zurita
2
Andrés S. Romano
4
Víctor Ataliva
6
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Argentina
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ARQUEOLOGÍA FORENSE Y TRAYECTORIAS: ALDO A. GERÓNIMO
DARDO FRANCISCO MOLINA
(1919-2025, TUCUMÁN, ARGENTINA)
RUY D. ZURITA
GEMA HUETAGOYENA GUTIÉRREZ
ANDRÉS S. ROMANO
LUCIANO R. MOLINA
VÍCTOR ATALIVA
2
DOI: https://doi.org/10.59842/18.2.2761
Recibido: 31/10/2025
Aceptado: 01/12/2025
Resumen
A partir de la identificación nominal de una víctima de desaparición forzada en Tucumán (Argentina), Dardo
Francisco Molina, recorremos brevemente su trayectoria previa y posterior a su secuestro. En particular, nos
centramos en su itinerario desde el 15 de diciembre de 1976 hasta la actualidad. Recorrido que al
reconstruirlo permite dar cuenta tanto de la intervención arqueológica forense realizada en el Pozo de Vargas
durante s de dos décadas como de los aportes interdisciplinarios que contribuyeron a brindar respuestas
sobre lo ocurrido, en esta provincia, con casi un centenar y medio de personas. Pero, esencialmente, este texto es
una primera aproximación a las implicancias de la agencia
posmortem
y cómo se materializaron una diversidad
de acciones con el retorno del ex vicegobernador de Tucumán.
Palabras clave: arqueología forense, trayectorias, víctima de la desaparición forzada, Tucumán.
Abstract
Based on the nominal identification of a victim of enforced disappearance in Tucumán (Argentina), Dardo
Francisco Molina, we briefly trace his trajectory before and after his abduction. We focus particularly on his
itinerary from 15 December 1976 to the present. This reconstruction reveals both the scope of the forensic
archaeological intervention carried out at the Pozo de Vargas over more than two decades and the
interdisciplinary contributions that have helped to provide answers about what happened in this province to
nearly one hundred and fifty people. Above all, this text offers a first approach to the implications of post-
mortem agency and to how a range of actions materialized with the return of the former Vice-Governor of
Tucumán.
Keywords: forensic archaeology, trajectories, victim of enforced disappearance, Tucumán.
Resumo
Com base na identificação nominal de uma vítima de desaparecimento forçado em Tucumán (Argentina), Dardo
Francisco Molina, traçamos brevemente sua trajetória antes e depois do sequestro. Focamos particularmente
em seu itinerário de 15 de dezembro de 1976 até o presente. Essa reconstrução revela tanto o alcance da
intervenção arqueológica forense realizada no Pozo de Vargas ao longo de mais de duas décadas quanto as
contribuições interdisciplinares que ajudaram a fornecer respostas sobre o que ocorreu, nesta província, com
quase cento e cinquenta pessoas. Acima de tudo, este texto propõe uma primeira abordagem das implicações da
6 Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). Instituto Superior de Estudios Sociales
(ISES, Conicet-UNT). Colectivo de Arqueología, Memoria e Identidad de Tucumán. victorhataliva@gmail.com.
ORCID: https://orcid.org/0000-0003-4824-8964
agencia pós-morte e de como uma série de ações se materializou com o retorno do ex-vice-governador de
Tucumán.
Palavras-chave: arqueologia forense, trajetórias, vítima de desaparecimento forçado, Tucumán.
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LUCIANO R. MOLINA
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Una vida, muchas trayectorias
El 15 de diciembre de 1976, mientras atardecía y en el casco antiguo de San Miguel de
Tucumán (capital de la provincia ubicada en el noroeste argentino), un grupo de tarea
ingresaba intempestivamente al estudio de Dardo Francisco Molina, localizado en la calle
Congreso 347, a unos doscientos metros al sur de la Casa Histórica de la Independencia. De la
reconstrucción realizada por su hija, Josefina, y de los testimonios de sobrevivientes, se
desprende que Dardo fue trasladado en su auto particular hasta una estación de servicio
en las afueras de San Miguel de Tucumán y, desde allí y en otro vehículo, hacia La Perla, un
centro clandestino de detención (CCD) ubicado en la provincia mediterránea de Córdoba, es
decir, a unos seiscientos kilómetros al sur de su hogar. Trasladado de regreso a Tucumán fue
«visto» tanto en CCD urbanos (Brigada de Investigaciones y Jefatura de Policía de la
Provincia) como en el que funcionó en el predio militar de la Compañía de Arsenales Miguel
de Azcuénaga (en adelante, Arsenales), en las afueras de la Capital de la provincia (Comisión
Bicameral Investigadora de las Violaciones de los Derechos Humanos en la Provincia
de Tucumán, 1991; Ataliva et al., 2020).
En el secuestro de Dardo en muchos sentidos se conjugan las prácticas y saberes
que caracterizan al dispositivo desaparecedor, pero también las particularidades del caso,
pues, la trayectoria de cada víctima de la desaparición forzada es única y original. Por un lado,
su secuestro/traslado (Tucumán-Córdoba)/detención clandestina/traslado (Córdoba-
Tucumán)/detención en CCD tucumanos/ejecución/ocultamiento. Tal como llamara la
atención hace más de dos décadas Pilar Calveiro, la
división social del trabajo genocida
involucla participación de una diversidad de actores: desde la «patota», «grupo de tarea» o
«grupo operativo» (a cargo del secuestro y traslado de los detenidos/as); el «grupo de
inteligencia»/ interrogadores (que diseñaban los secuestros y eran los responsables de los
interrogatorios / torturas); los «guardias» (en los CCD); y, los «desaparecedores de
cadáveres» (Calveiro, 2004, pp. 34-43). Precisamente de estos últimos y como sostiene la
autora es de quienes menos información se dispone; sin embargo, en el caso particular del
Pozo de Vargas, y desde la arqueología forense, fue posible aproximarnos a sus dinámicas
(Ataliva, 2019). La intervención arqueológica, en efecto, viabilizó desandar el camino de los
«desaparecedores» y sus prácticas concretas referidas no solo a lo ocurrido con los cuerpos,
sino también con sus acciones posteriores para reforzar el ocultamiento de estos y destruir
toda evidencia que remitiera a la existencia del sitio donde se ejecutó e inhumó a casi un
centenar y medio de personas (ver, por ejemplo, Ataliva et al., 2019); asimismo, la
intervención forense permitió reconstruir aunque en algunos casos más que en otros las
trayectorias de las víctimas identificadas en este espacio confinado. Este texto es un ejercicio
requerido por la familia de Dardo en este último sentido: a partir de los aportes técnicos-
científicos de las disciplinas que contribuyeron con el hallazgo e identificación de
Dardo(desde la arqueología, la historia oral, la bioantropología, la genética, etc.), recorremos
parte de su itinerario
pre
y
posmortem
, es decir, dos momentos de su trayectoria: el primero,
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desde su nacimiento, en 1919, hasta el 15 de diciembre de 1976 (fecha de su secuestro, es
decir, desde que comienza su periplo como víctima de la desaparición forzada) y, el segundo,
desde esa fecha hasta el presente (2025).
Es importante señalar que el énfasis de este texto recae en el segundo momento.
Aunque no es nuestra intención efectuar un análisis osteobiográfico en sentido estricto del ex
vicegobernador de Tucumán, nos parece un excelente ejemplo de cómo se articulan los
aportes de distintas disciplinas e instituciones (desde el trabajo del Colectivo de Arqueología,
Memoria e Identidad, CAMIT, hasta el del Equipo Argentino de Antropología Forense, EAAF,
pasando por la Iniciativa Latinoamericana para la Identificación de Personas Desaparecidas
(ILID), los requerimientos familiares y las pcticas colectivas (particularmente desde su
retorno al núcleo social y político de pertenencia). De hecho, para este texto dispusimos de
testimonios, de documentos producidos en el marco de los denominados
megajuicios
, de
notas periodísticas, de los datos referidos al registro y recuperación, por parte del CAMIT, de
las evidencias óseas correspondientes a Dardo y de los informes elaborados por el EAFF y que
se encuentran accesibles en las redes sociales de su hija, Josefina Molina.
Una intervención, muchos aportes
Si bien la práctica de la antropología forense se inicia de manera sistemática en el Cono Sur de
América a partir de mediados de la década del ochenta con la conformación y el trabajo del
EAAF, es hacia inicios de la década del dos mil cuando la arqueología irrumpe en Argentina
para instalarse en investigaciones académicas y en causas judiciales. Así, indagaciones
arqueológicas forenses y otras no necesariamente enmarcadas en la justicia y llevadas a cabo
en distintos contextos vinculados tanto a las prácticas sociales genocidas (
sensu
Feierstein,
2007) como a recientes hechos de violencia (ver, por ejemplo, las investigaciones de Colectiva
de Intervención ante las Violencias, 2024), contribuyen en la detección, registro e
interpretación de evidencias, escenas y paisajes involucrados en una diversidad de crímenes.
Precisamente, el inicio de la intervención arqueológica en el Pozo de Vargas se enmarca en las
investigaciones que comenzaron hace ya un cuarto de siglo, período en el que distintos
equipos fueron conformándose, reconfigurándose o aportando cuadros cnicos para la
justicia (federal y provincial), y que, desde una perspectiva con bases en la arqueología, la
antropología y la bioarqueología, contribuyeron luego del EAAF con el presente forense
en Argentina. En otras palabras, si durante las décadas del ochenta y noventa la antropología
forense fue clave para el abordaje de las prácticas sociales genocidas y recuperar a
centenares de víctimas de la desaparición forzada, es a partir de la década del dos mil
cuando los aportes de la arqueología se sitúan definitivamente en el ámbito forense argentino.
Para el caso de Tucumán, además del Pozo de Vargas, ver, por ejemplo, la intervención
arqueológica del CAMIT en el Galpón n.° 9 de Arsenales realizada en los años 2011 y 2012,
espacio de reclusión donde estuvo Dardo F. Molina (cf. Zurita et al., 2019).
Más allá de las definiciones y los alcances de la arqueología forense (por ejemplo, Morse et al.,
1984; Dirkmaat y Adovasio, 1997; Talavera González et al., 2017) y su mayor o menor
independencia, o total autonomía, de la antropología forense, desde nuestra perspectiva y
formación técnica, académica y profesional, asumimos que solo un abordaje interdisciplinario
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puede dar cuenta de la complejidad de los contextos forenses. De hecho, la experiencia tanto
en el Pozo de Vargas como en el distrito militar Arsenales permite sostener que la
interdisciplinariedad contribuye al análisis e interpretación de las materialidades físicas
muebles e inmuebles, biológicas, químicas, etc., que componen todo contexto forense. A,
por ejemplo, en ambos sitios se implementaron técnicas y metodologías de las ciencias de la
tierra (como la geología, que aportó desde la pedología, sedimentología, geoquímica,
hidrogeología, interpretación remota, etc.) (Binder y Ataliva, 2012; Zurita, 2019) y estudios
basados en la aerobiología y palinología forense (Vázquez, 2024; Vázquez et al., 2025),
contribuyendo con análisis desarrollados por primera vez, al menos en Tucumán, en causas
judiciales.
En sentido amplio, por su parte, la bioarqueología posibilita el análisis de segmentos
óseos humanos (considerando los agentes y procesos depositacionales y posdepositacionales
que interactuaron para configurar esos singulares contextos en el que son recuperados),
contribuyendo al abordaje de aspectos referidos a la determinación de sexo, edad, estatura,
patologías, dieta, etc. (Buikstra, 1977; Powell, 1985; Larsen, 1997; Buikstra y Beck, 2006). A
partir del desarrollo de la osteobiografía (Saul, 1972), el campo de indagaciones
bioarqueológicas se expandió notablemente, y cobraron relevancia las historias de vida y la
bioarqueología de los individuos (Robb, 2002; Gilchrist, 2004; Agarwal y Glencross, 2011;
Stodder y Palkovich, 2012). Asimismo, en los últimos años se llevaron a cabo estudios que
aplican la teoría de los tres cuerpos (Scheper-Hughes y Lock, 1987), mientras las
reconstrucciones osteobiográficas avanzaron de manera decidida en Sudamérica (cf. Fabra et
al., 2020), tanto en contextos prehispánicos como históricos (por ejemplo, Serna et al., 2015;
Araneda y Andrade, 2020; Canova et al., 2020; Gianotti et al., 2020; Phan et al., 2021; Pezo
Lanfranco et al., 2021). De estos ejemplos también se desprende que los haceres y prácticas
dejan indicios y marcas en una diversidad de soportes materiales, por ejemplo, en la
indumentaria (Romano, 2020, 2024) y en los complejos procesos de memorias, por lo que no
alcanza exclusivamente con los segmentos óseos para precisar las trayectorias personales.
Pozo de Vargas. Breve reseña
Una rápida exposición del trabajo desarrollado en el Pozo de Vargas no puede eludir algunos
aspectos centrales que posibilitarán una mejor exposición de las evidencias óseas y elementos
asociados correspondientes a Dardo F. Molina. El predio se encuentra en el departamento Tafí
Viejo, a unos cinco kilómetros al noroeste de la plaza principal de la Capital tucumana. A partir
de un primer relevamiento realizado hacia fines del año 2001, motivado por el requerimiento
de ex militantes políticos de la década del setenta (que disponían de datos sobre la existencia
de un pozo de agua en una finca propiedad de la familia de Antonio Vargas), y tras efectuarse
una denuncia formal ante la Justicia Federal de Tucumán, se inicia la intervención forense el
24 de abril de 2002. Dos semanas después, y a dos metros de profundidad, se detectan los
indicios de una estructura subterránea de mampostería de unos tres metros de diámetro y
comienza su excavación sistemática. Hacia fines de ese año, y a unos diez metros, los niveles
de la freática comenzaron a impactar en el interior del pozo (es decir, el relleno se
sobresaturaba rápidamente con agua, lo que impedía el avance de la excavación). A partir de
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entonces (y acompañando el trabajo pericial durante un primer período comprendido entre
fines de 2002 y mediados de 2006, y luego, un segundo período de excavaciones desde fines
de 2009 en adelante, cf. Ataliva, 2019), se implementaron distintas estrategias para que los
niveles freáticos no afectaran el trabajo de campo, intervenciones realizadas por especialistas
en hidrogeología, quienes tuvieron una destacada participación (en un principio, personal del
Departamento Perforaciones de la Dirección Provincial del Agua y, luego, empresas privadas
que prestaron el servicio). La primera etapa de trabajo culmina hacia mediados de 2006, a
unos 24 metros de profundidad, con el hallazgo de las primeras evidencias óseas articuladas;
hacia fines del año 2009 se retoma la intervención arqueológica en el interior de la
construcción subterránea hasta llegar, en esta segunda etapa y en diciembre de 2022, al piso
técnico del pozo (a los 38,50 m), definido contextualmente por la ausencia de indicios
culturales o remoción del sedimento a tal profundidad (Figura 1).
Figura 1. El interior del Pozo de Vargas a los 38 metros de profundidad. Observar el
«encamisado» de hierro (diámetro: 2 metros). Estos aros fueron los primeros que
instalaron sus constructores (¿década de 1890?) para luego edificar el pozo con
mampuestos de ladrillos
Fuente: Archivo CAMIT
A lo largo de toda la columna se pudieron definir distintos eventos de relleno y
depositación de cuerpos, como a también relevar una diversidad de materialidades que
brindaron datos específicos sobre el entorno del pozo y su dinámica de uso, claramente
asociado tanto a su empleo como inhumación clandestina (años 1976 y 1977) como al año en
el que habrían sido destruidas las construcciones cercanas y la sección superior del pozo
por ello fue detectado a los dos metros de profundidad, arrojado a su interior el escombro
remanente de tal accionar y, finalmente, rellenado con arqueosedimentos alóctonos (1980).
A partir de los 27 metros, las características del relleno (por ejemplo, grandes bloques
de mampuestos y rocas de más de cincuenta kilogramos y dimensiones considerables)
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configuraban un complejo contexto en el que se hallaban los segmentos óseos, indumentaria,
calzado, objetos de metal, vidrio, etc., en particular, desde los 28 hasta los 32,50 metros. La
metodología se ajustó a las prácticas arqueológicas tradicionales: localización tridimensional
de las materialidades, descripción y registro en distintos soportes (papel, digital,
documentación fotográfica y audiovisual, etc.), rotulación, inventariado
in situ
preliminar y
corrección de inventariado y nuevo registro una vez extraídas las evidencias. Desde una
perspectiva forense, denominamos como Acto de Recuperación de Evidencias (ARE), a toda
instancia de levantamiento de los segmentos óseos humanos y materialidad asociada; cada
ARE involucró la participación de integrantes de la justicia, testigos y querellantes (familiares
y abogadas) e incluía por nuestra parte la extracción, identificación preliminar
bioantropológica (realizada, primero, en contexto, y luego, una vez retirados los restos óseos
de su matriz, en el laboratorio de campo en el mismo predio), inventariado, embalaje y cadena
de custodia de las evidencias. Hasta mediados de 2006 se habían completado cinco ARE (con
recuperación de 22 segmentos óseos), mientras que desde fines de 2009 hasta el año 2022,
aproximadamente, 180 ARE (unos 38.000 segmentos entre enteros y fragmentados
asociados a objetos personales, distintos tipos de prendas, zapatillas, zapatos, proyectiles,
etc.). Una última consideración referida a los resultados parciales de esta investigación: hasta
mediados de 2025 se identificaron 149 perfiles genéticos, de los que se obtuvieron 121
identificaciones nominales, las que remiten a víctimas secuestradas/asesinadas entre 1975
y 1977.
Un «Gaucho» itinerante
Primer recorrido (1919-1976)
Hijo de Mercedes Alurralde y Alejandro Molina, Dardo nació el 24 de agosto de 1919 en la
localidad simoqueña de Pampa Mayo. Sus estudios primarios los cursa en la escuela Josefa
Díaz, en el pueblo de Simoca, mientras que el bachillerato lo culmina en el Colegio Sagrado
Corazón, en la capital tucumana. Más tarde ingresa a la Facultad de Derecho y Ciencias
Sociales de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), donde obtiene los títulos de
procurador, escribano y abogado. Ya había iniciado, por entonces, su militancia política, la que
se incrementará notablemente de manera blica cuando comienza a ocupar cargos
electivos. En 1953 contrae matrimonio con Josefina del Rosario Chazarreta, madre de su hija
(Josefina) y su hijo (Dardo).
En el período 1950-1951 fue electo diputado provincial por el entonces 2Distrito del
departamento de Monteros, actual departamento Simoca. En 1955 ejerce el cargo de
secretario general de la UNT durante el rectorado de Pedro Heredia, y fue designado
además decano interventor en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la misma
universidad. Tras la proscripción del peronismo sostendrá como miles de tucumanas y
tucumanos su militancia de manera oculta y con su actividad profesional. Hacia inicios de la
década del setenta, y a medida que menguaba la persecución al peronismo, se desempeñará
a partir de 1972 como secretario general del Consejo Directivo del Partido Justicialista y
del Frente Justicialista de Liberación (FREJULI ) en Tucumán.
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Figura 2. El «Gaucho» Molina en plena campaña política (Simoca, Tucumán, 1972)
Fuente: Colección Dardo Francisco Molina (Colección DFM). Archivo CAMIT. Gentileza: Josefina Molina
En 1973 fue elegido senador provincial por la Sección electoral II y, en mayo de ese
año, formará parte de la comitiva junto a otros políticos, militantes, artistas, referentes de la
cultura, etc. que retorna con J. D. Perón a la Argentina. A lo largo de su trayectoria en ambas
cámaras contribuyó con proyectos de gran impacto social tanto para Simoca como para toda
la provincia (Figura 2). Durante el breve interregno democrático de la década del setenta
clausurado por el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, fue consagrado por unanimidad
como presidente del Honorable Senado, consecuentemente, se desempeñará como
vicegobernador. Sin embargo, y con el inicio del Operativo Independencia en febrero de 1975,
y a medida que avanzaba la ocupación militar de Tucumán y las prácticas sistemáticas de
desaparición de personas (y la exposición de cuerpos como instancia de disciplinamiento
social), también menguaba su actuación como funcionario hasta que drásticamente culmina el
mismo día del golpe de Estado.
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Figura 3. Dinámica del dispositivo desaparecedor
Elaboración propia a partir de las siguientes fuentes: Comisión Bicameral Investigadora de las Violaciones de los
Derechos Humanos en la Provincia de Tucumán (1991), Ataliva et al. (2020) y Archivo CAMIT
Ahora bien, a comienzos del año 2014 adquiere estado blico la identificación, por
parte del EAFF, de Dardo F. Molina. Para los cotejos de ADN se emplearon un canino inferior
derecho y un primer molar inferior izquierdo de una mandíbula fragmentada recuperada en
un ARE realizado el 5 de abril de 2011, y muestras de sangre aportadas por su familia
(muestras de su hija y de Clemencia Rosa, hermana de Dardo). Como se aprecia en la Tabla 1
(Figura 4), la recuperación conllevó una primera determinación
in situ
por parte de nuestro
equipo, estableciendo relaciones indubitables de asociación entre segmentos óseos que
conformaban tres conjuntos. Posteriormente, el EAAF empleó dos vías para el proceso de
reasociación (esto es, la pertenencia de distintas secciones óseas a un mismo y único
individuo): por un lado, el análisis genético intraesqueletal y, por otro, la reasociación
morfológica (resultado del análisis antropológico) o contextual arqueológica (relacionando
los tres conjuntos óseos, determinando que pertenecían a un único individuo). Estos
segmentos óseos fueron «levantados» en actos de recuperación de evidencias efectuados,
además del ya mencionado, los días 14 de noviembre de 2011, 15 de agosto de 2014, 8 de
setiembre de 2014, 14 de setiembre de 2015, 8 de junio de 2015, 14 de diciembre de 2015 y
28 de marzo de 2016.
El 15 de diciembre de 1976, Dardo F. Molina es secuestrado de su estudio, en Congreso 347,
entre las 18.30 y 19.00 horas, un horario con muchos testigos ocasionales. Según Josefina, su
padre fue trasladado en su auto hasta una estación de servicio localizada hacia el sudeste, a las
afueras de la capital tucumana y, desde allí, en otro vehículo, hacia el CCD cordobés de La
Perla. Trasladado nuevamente a Tucumán, es «visto» en CCD urbanos de la capital tucumana y
en el predio militar Arsenales. Esta trayectoria también posibilita dimensionar aquellos
aspectos referidos a la planificación y logística de los involucrados en su secuestro y sucesivos
traslados. Aunque no definimos con mayor precisión cuándo es asesinado y su cuerpo
arrojado al Pozo de Vargas, es posible plantear que hasta mediados de 1977 aún se hallaba en
un CCD (Figura 3).
Segundo recorrido (1977-2025)
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Figura 4. Segmentos óseos correspondientes a Dardo recuperados en el interior del Pozo
de Vargas
Elaboración propia a partir de las siguientes fuentes:
S/Expedientes Penales Denunciante: Romero, Enrique
Fernando/Principal y otros. Causa 400140/2002
, 11 de diciembre de 2023 (informe accesible en la red social
Facebook
de Josefina Molina) y Archivo CAMIT
Es relevante señalar que en los ARE del 15/08/2014 y 8/09/2014 también se
recuperaron los restos de indumentaria de una camisa con bolsillos de color clara. La
presencia de ojales en el lado izquierdo permite indicar que se trata de una camisa masculina
con botones. El fragmento correspondiente a la espalda de la camisa (textil n.° 151), fue
sometido a pruebas orientativas con BlueStar® Forensic Mágnum, durante las cuales se
detectaron siete pequeñas gotas de sangre de forma circular estrellada de entre 1 y 3 mm,
localizadas en el sector del cuello y hombro derecho. Mientras que en el ARE del
14/09/2015(junto a segmentos óseos que luego se determinaron que correspondían a
Dardo), recuperamos 20 fragmentos textiles de un pantalón de color claro (catalogado como
textil n.° 314).
A partir de los segmentos óseos correspondientes a Dardo (Tabla 1, Figura 4),
esbozamos su itinerario partiendo desde el momento que comienza su recuperación (el día 5
de abril de 2011). Como mencionamos al inicio, cada recorrido de una víctima es único y
original, y la trayectoria que presentamos es un ejemplo de ello (Figura 5). Es importante
tener presente dos aspectos: por un lado, entre los 28 y 32,50 metros de profundidad se
concentraban en su mayoría las evidencias en el interior del Pozo de Vargas; por otro, los
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segmentos de Dardo estaban distribuidos entre los 28,50 y 31,01 metros de profundidad, es
decir, distanciados 2,51 metros. Para dimensionar, entonces, la complejidad del contexto, es
importante advertir que en ese nivel antrópico de 2,51 metros de altura y tres de
diámetro de la columna de relleno fueron también recuperados los segmentos
correspondientes a otras 148 personas. En todo caso, una vez recuperados del Pozo de
Vargas, los segmentos fueron analizados preliminarmente
in situ
en nuestro Laboratorio de
Campo, inventariados y enviados al Laboratorio de Bioarqueología del CAMIT en la Capital
tucumana. Allí se implementaron distintos tipos de limpieza (dependiendo de la humedad de
la matriz, el arqueosedimento adherido a cada segmento, etc.) y medidas preventivas de
conservación, se analizaron nuevamente cada segmento y su indubitable asociación con otros
(para confirmar o corregir el inventario), fueron embalados y enviados al Laboratorio de
Bioarqueología Forense del EAAF (en Buenos Aires).
Una vez en el Laboratorio del EAAF, muestras de segmentos y en el marco de la ILID y
los convenios y proyectos conjuntos del EAAF con otras fueron enviadas a otros
laboratorios para los análisis genéticos (The Bode CellmarkForensics, BODE, en EE.UU., y en el
Laboratorio de Inmunogenética y Diagnóstico Molecular, LIDMO, en la provincia argentina de
Córdoba); y, por otro lado, iniciaron la reasociación de los segmentos óseos. Finalmente, los
segmentos de Dardo regresan a Tucumán durante los años 2017 (mayoritariamente) y 2023.
Figura 5. Dardo F. Molina: agencia postmortem
Fuente: Archivo CAMIT
A partir de fines de 2017, entonces, los segmentos óseos retornan al núcleo social más
íntimo, pero también público, iniciando un nuevo recorrido jalonado por conmemoraciones
tanto familiares como oficiales. Así, desde el Gobierno de la Provincia, se celebró un
importante acto el 15 de diciembre de 2017 en la sede de la propia Honorable Legislatura de
Tucumán, a 41 años del secuestro del vicegobernador (Figura 6). Al día siguiente, una intensa
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jornada fue protagonizada por vecinas y vecinos de su Simoca natal; y es que el 16 de
diciembre, Dardo retornó en el marco de una gran movilización popular al territorio que
lo proyectó políticamente y a cuyo pueblo le dedicó numerosos proyectos durante su
actuación política y como funcionario. En la actual ciudad de Simoca, Dardo nuevamente
paseó en sulky por sus calles, fue recibido en la iglesia y en la plaza principal, donde se celeb
el acto central. Finalmente, esa tarde fue depositado en un monumento memorial construido
para él en la misma plaza B. Mitre (Figura 7).
Figura 6. D. F. Molina es recibido en la Honorable Legislatura de Tucumán (15/12/2017)
Fuente: Archivo CAMIT
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Figura 7. Memorial en la plaza principal de Simoca antes de ser inaugurado (16/12/2017) y
ser depositado Dardo allí
Fuente: Archivo CAMIT
Durante el año 2023 culmina la identificación genética de otros segmentos, los que eran
esperados por su familia para, una vez reasociados la mayor cantidad de óseos de Dardo,
continuar con otra etapa de su viaje. Hacia fines de diciembre, entonces, son reunidos todos
sus segmentos y, el 29 de diciembre de ese año, retorna desde Simoca al cleo familiar y se
procede a la cremación (4 de enero de 2024). Unos días después, todas sus cenizas serán
trasladadas para Santiago del Estero donde, en el marco de un gran encuentro familiar y
folclórico, se conmemora su regreso a aquella provincia (Figura 8). Sus cenizas serán
depositadas una parte en el cementerio donde se encuentra su pareja de toda la vida,
Josefina del Rosario, fallecida en 1983.
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Figura 8. Dardo en Santiago del Estero. Conmemoración familiar (8/01/2024)
Fuente: Archivo CAMIT. Gentileza: Josefina Molina
De regreso a Tucumán, otra parte de las cenizas de Dardo fueron depositadas al pie del
árbol plantado por su familia en el predio donde se encuentra el Pozo de Vargas. Para Josefina,
esta decisión estuvo motivada porque es allí donde ella lo conmemora:
Ese lugar significa muchísimo para mí, por el hecho de haber tenido la fortuna
de ver cómo se lo recuperaba, tener fotos y videos del momento en que lo
recuperaban, es fuerte lo que vivimos y vimos allí… y luego, enterarme que
entre tantos huesos recuperados también estaban los de él…Quiero marcar
ese lugar, por eso llevé una maceta y puse sus cenizas. Quise marcarlo como
un lugar donde se cometieron atrocidades, pero también labores
extraordinarias para recuperarlos a todos (comunicación personal, 10 de
octubre de 2025).
Como se mencionó, en los ARE participaban también los familiares y querellantes,
asistiendo a cada uno de ellos, aun cuando se desconocían los resultados de los análisis
genéticos o se aguardaban los resultados. Por último, aunque no finalmente, otra parte de las
cenizas fueron depositadas en el memorial de la plaza principal de Simoca.
Reflexiones finales
Celeste Perosino advierte que las identificaciones posibilitan reflexionar sobre «el cuerpo
muerto» como «vehículo de información» y «medio para reconstruir lazos, en tanto permite
relacionar al individuo desaparecido con la comunidad que lo sobrevive y puede facilitar el
acercamiento de familias, amigos y compañeros de militancia. Se traduce y se entiende como
un regreso» (Perosino, 2013, p. 182). Tal como someramente presentamos en estas páginas,
ese retorno de Dardo F. Molina y como también lo señala la autora para los casos
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investigados por ella, permitió el cierre «del período de búsqueda» y la apertura «del duelo
y los rituales de despedida». Lejos de una aproximación desde la teoría de los tres cuerpos
(social, biológico y político, cf. Scheper-Hughes y Lock, 1987), hemos optado por una
presentación general, asumiendo que «el cuerpo muerto tiene agencia para producir memoria
y acciones materiales en torno a su representación» (Perosino, 2013, p. 182).
La agencia
posmortem
, en este caso en particular, se manifestó con distintas
conmemoraciones a partir del año 2014, cuando se da a conocer públicamente su
identificación (por ejemplo, actos en la sede del Partido Justicialista de Tucumán, en el predio
donde se encuentra el Pozo de Vargas, junto al árbol plantado allí a su memoria por su
familia y otro por parte del Colegio de Abogados de Tucumán, etc.), alcanzando una gran
visibilidad durante el mes de diciembre de 2017, en intensas jornadas en la Capital tucumana
y en Simoca; en otras palabras, su presencia generó espacios de encuentro con sus ex
compañeros y compañeras de militancia, sus amistades, con colegas, vecinas y vecinos. Al
reactivar los lazos con su comunidad, cada reunión se comportó como un escenario para
reclamar por otras víctimas de la desaparición forzada, lo que fortaleció las consignas
históricas de
memoria
,
verdad
y
justicia
y habilitó nuevos espacios de discusión y reclamos.
Pero no culminó allí, pues una vez reunidos todos los segmentos correspondientes a
Dardo (fines de 2023), nuevamente comenzaron otras instancias conmemorativas, más
íntimas, pero que posibilitaron marcar aquellos espacios que fueron y son significativos para
la familia Molina. Una vez consumada la cremación, parte de sus cenizas fueron a Santiago del
Estero, a Simoca y al mismo predio donde se encuentra el Pozo de Vargas. Como destaca su
hija: «Molina me acompaña a todos lados»; este año encontró en la urna de cerámica
elaborada en Santiago un frasquito de vidrio en el que Frida, la bisnieta de Dardo (de 6 años),
guardó cenizas. Hoy Dardo también se encuentra en casa, en un geranio su planta favorita
que crece al amparo familiar.
Reconocimientos
A Josefina Molina, Virginia Sosa (presidenta de FaDeTuc, Familiares de Desaparecidos de
Tucumán) y Laura Figueroa (abogada querellante en causas de crímenes de lesa humanidad
de la provincia de Tucumán), por acompañarnos junto a otras tantas militantes y
familiares en este largo camino de más de veinte años de investigación. A Alejandro Leiva,
Julia Lund, Sergio F. Cano y F. Ricardo Srur (integrantes del CAMIT).
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