CLAVES. REVISTA DE HISTORIA
VOL. 12, N.° 22 ENERO - JUNIO 2026
ISSN 2393-6584 - MONTEVIDEO, URUGUAY
Pp. 1 5
Introducción al Tema Central nº. 22
¿Pueden pensar los historiadores?
El oficio del Historiador y la IA
Coordinación
Matías Borba Eguren
1
Alejandro Morea
2
Nicolás Quiroga
3
Universidad Universidad Nacional Universidad Nacional
de la República de Mar del Plata de Mar del Plata
Uruguay Argentina Argentina
1
Matías Borba Eguren. Licenciado en Historia y Magister en Historia Rioplatense por la
Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de la República (FHCE-
Udelar), actualmente Doctorando en Historia en esa misma institución. Docente asistente de la
Sub-Unidad de Teoría e Historiografía, del Instituto de Historia (FHCE), y Profesor Adjunto de
la Tecnicatura en Bienes Culturales de la FHCE (CENUR Noreste). Integrante de los Grupos de
Investigación Autoidentificado CSIC «Claves del siglo XIX en el Río de la Plata» y «Tendencia y
debates historiográficos en Uruguay y la región (siglos XIX y XX)». Representante de Udelar en
el Consejo de Museos de la Dirección Nacional de Cultura (Ministerio de Educación y Cultura).
2
Alejandro Morea. Profesor y licenciado en Historia por la Universidad Nacional de Mar del
Plata (UNMDP) y doctor en Historia por la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de
Buenos Aires (UNICEN). Es Investigador Adjunto de CONICET y Profesor Adjunto de Historia
Económica y Social I y II del Área de Ciencias Sociales de la Facultad de Ciencias Económicas y
Sociales, y Jefe de Trabajos Prácticos de Historia General Argentina I del Departamento de
Historia de la Facultad de Humanidades, ambos en la Universidad Nacional de Mar del Plata. Es
profesor del Diploma y de la Maestría en Historia Pública y divulgación social de la Historia de la
Universidad Nacional de Quilmes. Es autor de El Ejército de la revolución. Una historia del
Ejército Auxiliar del Perú en las guerras de independencia, ProHistoria Ediciones, 2020.
3
Nicolás Quiroga. Doctor en historia e investigador de CONICET con lugar de trabajo en el
INHUS-Facultad de Humanidades, Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMdP). Director
del grupo de investigación «Movimientos sociales y sistemas políticos en la Argentina moderna»
- CEHis-UNMdP (https://humanidades.com.ar/gimsspam/). Profesor de la carrera de Historia y
actualmente se desempeña como director del Centro de Estudios Históricos (CEHis-UNMdP).
Investiga sobre usos de modelos de lenguaje en la investigación histórica
(https://humanidades.com.ar/gimsspam/blog/modelos-de-lenguaje-e-investigacion-
historica/). Es editor de Hacer historia después del «giro digital»: fuentes, métodos, enfoques
(con Silvana Ferreyra, en prensa), compilador de Política, peronismo y «juegos de escala», 1943-
1957 (con Joaquín Rodríguez Cordeu), El peronismo y sus partidos. Tradiciones y prácticas
políticas entre 1946 y 1976 (con Julio Melón Pirro, 2014), entre otros títulos. Director asociado
del proyecto de digitalización de las obras completas de José Luis Romero.
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A comienzos del siglo XXI, una de las preocupaciones de los historiadores
estaba vinculada con el tránsito hacia un nuevo régimen de historicidad, «el
presentismo» según Hartog (2007). El cambio en la forma en que las sociedades
se relacionan con el pasado, con el presente, pero también con el futuro, implica
necesariamente que los historiadores reflexionen sobre su profesión y cómo
deberían llevarla adelante en el nuevo contexto. Aún inmersos en ese tránsito, nos
vimos asaltados por la irrupción masiva, explosiva, de la inteligencia artificial, y
si bien el cambio en el régimen de historicidad también está mediado por el
cambio técnico y tecnológico, lo que estamos viendo tiene otra connotación.
El desarrollo de nuevas tecnologías siempre trae consigo modificaciones
en «la cocina del historiador». Basta con pensar en la morfología de nuestro
escritorio para materializar estos cambios. Otrora, la mesa se componía de
papeles, fichas de cartón, una máquina de escribir, y por supuesto voluminosos
libros. Al mirarlo hoy, la presencia de una computadora parece ineludible, sin
contar otros dispositivos que se encuentran interactuando con papeles y libros
que todavía plantan bandera sobre la mesa de trabajo. Todavía más: la
comparación entre escenarios (ante y pos «giro digital») es borrosa para quienes
nacieron en el siglo XXI. Cada vez más personas solo pueden imaginar, si lo
desean, el tipo de trabajo que incorporaba máquinas de escribir, ficheros de
bibliotecas, sistemas de intercambios de revistas académicas impresas.
Pero estos cambios también operan en otros espacios y lógicas sobre los
cuáles en los últimos años hemos tomado mayor conciencia. El desarrollo de los
sistemas computacionales, y la incorporación - a veces inconsciente - del
pensamiento computacional para el desarrollo de tareas, parece haberse
extendido a buena parte de las prácticas que componen la «operación
historiográfica» (de Certeau 2006). La irrupción de la IA puede incluirse aquí,
como un nuevo momento de experimentación y transformación de nuestro oficio
ante estas nuevas herramientas.
Lo cierto es que muchas de estas innovaciones ya estaban incorporadas a
proyectos de investigación históricos desde el último cuarto del siglo XX. No
obstante, la novedad de los modelos de lenguaje (LLMs), y las múltiples
plataformas por donde interactuar con ellos, ha permitido un acceso amplio a
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FACULTAD DE HUMANIDADES Y CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN, UNIVERSIDAD DE LA REPÚBLICA - 3 -
herramientas que anteriormente implicaban un conocimiento específico de
programación o análisis de datos. No obstante, esta mayor familiaridad no
supone un uso extendido, menos aún, uno adecuado o provechoso. El desarrollo
del campo de la Historia Digital (Crymble 2021), ha problematizado las
transformaciones del oficio del historiador a partir de las nuevas tecnologías. En
el último lustro, y en especial a partir de 2022 con el lanzamiento de ChatGPT, la
irrupción de la IA ha despertado el interés creciente, así como fundadas
preocupaciones.
El artículo de Caio Zanin aborda este aspecto, realizando un repaso por la
historiografía brasileña sobre las implicancias del giro digital, para luego
centrarse en el impacto de ChatGPT 4.0 como «actor epistemológico» a través de
la ingeniería de prompt. El autor examina las potencialidades y límites de la
interacción con la plataforma de OpenIA a través de la asignación de roles, y la
posibilidad de construir «agentes personalizados» capaces de llevar a cabo tareas
correspondientes al trabajo del historiador. En particular, el artículo explora los
distintos agentes GPT que asumen el rol de un Historiador especializado en un
área, o caracterizando una postura política/ideológica. La experimentación
planteada a través de los distintos prompt que Zanin introduce le permiten
identificar diversas limitaciones y riesgos: la confusión de una «coherencia
algorítmica» con una verdad histórica, la necesidad de control ante la posibilidad
de síntesis y comparaciones rápidas, y las implicancias éticas al evocar una «voz
no humana» al asignar un rol o caracterización de un personaje histórico.
En una línea similar, el trabajo de Albert Mestre explora las implicancias
que la IA tiene sobre el trabajo del historiador, partiendo de las distintas
herramientas de las Ciencias de Datos que componen el funcionamiento general
de los LLM: el reconocimiento óptico de caracteres, la identificación de textos
manuscritos, el procesamiento de lenguaje natural, el machine learning y la
minería de datos. Indica la opacidad que plantea el uso de estas herramientas sin
el conocimiento de su funcionamiento, corriendo el riesgo de confundir la crítica
documental con la obtención estadística de información. Mestre señala cómo la
ciencia de datos puede ser de suma utilidad en la dimensión heurística -
reconociendo la desigualdad en el acceso a recursos técnicos y datos -, pero no
suplir la hermenéutica que caracteriza al oficio del historiador.
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Sobre la forma en que se debe o que se puede adaptar el trabajo habitual
del historiador también escribe Manuel González Cuevas. En este caso en
particular, la IA actúa como un asistente de investigación, que colabora con el
investigador en el relevamiento bibliográfico. El autor explora dos cuestiones en
simultáneo, por un lado, utiliza la Declaración Prisma como método de revisión
de bibliografía y por otro, utiliza IA Research Rabbit en pos de cumplimentar con
los estándares que fija la primera. En este caso en particular, el autor intenta
mostrar la potencialidad que puede tener esta combinación para revisitar
temáticas y temas que pueden ser considerados clásicos, como la relación entre
José de San Martín y Simón Bolívar en el proceso de construcción de las nuevas
naciones sudamericanas. Una especie de upgrade de cuestiones que aún resultan
esenciales en la tarea del historiador como es el relevamiento bibliográfico y la
confección de estados del arte.
La IA es proceso y producto. Los desafíos de quienes la usan como parte
de proyectos de investigación difieren de los que enfrentan quienes utilizan sus
resultados. Por eso los interrogantes actualmente son diversos y circulan
mezclados con temores y expectativas, inquietudes sobre el futuro y vaguedades
sobre el funcionamiento de los LLMs, opacos por su arquitectura, pero sobre todo
por su modalidad corporativa de existencia. Por eso nos pareció importante
sumar al dossier las entrevistas realizadas a los equipos que tuvieron a cargo la
serie de cortos relacionados con el Bicentenario del proceso de Independencia del
Uruguay, ya que son insumos para considerar procesos y resultados, maneras de
invocar a la IA, formas de interpelar a la disciplina histórica, testimonios para una
historia pública digital, área cada vez más definida.
Si lo que sale a cuentagotas por las interfaces de la IA no es (todavía, y léase
esto con terror) un buen relato histórico, la asistencia en proyectos de
digitalización, clasificación y transformación de datos, a juzgar por los dichos de
quienes la utilizan, es sorprendentemente efectiva. Si tiene razón Eryk Salvaggio
(2024) y estas herramientas fueron diseñadas para pedir perdón, es decir, fueron
puestas en funcionamiento a sabiendas de que vienen con sesgos, imperfecciones,
errores y pueden generar contenido pernicioso, pero con la esperanza de que los
consumidores continúen trabajando para mejorarlas, entonces esas duplicidades
en las evaluaciones del uso de la IA en nuestra disciplina continuarán
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indefinidamente. La solución no sobrevendrá por clickear cada vez más pulgares
hacia abajo o protestar en los prompts. Tampoco podemos aceptar vivir en una
transición indeterminada, a la espera de la aparición de una singularidad sin
fantasmas. La reflexión sobre la IA es una tarea urgente, pero implica menos una
conversación sobre sus errores (que existen por diseño) que sobre nuestra
manera de incorporarla a la «cocina del historiador». En la actualidad estamos
en vías de consolidar protocolos para eso, mientras aprendemos a usar sus
avatares. En algún momento dejaremos de utilizar los criterios y el lenguaje
corporativo para evaluar su funcionamiento (eficacia, velocidad, porcentajes de
error) o quizás ocupe un lugar menor al que nos imaginamos que ocupará en un
futuro cercano, y le quepan solo esos pobres adjetivos: rápida, precisa, cuerda.
Bibliografía
Certeau, Michel de. 2006. La escritura de la Historia. Traducido por Jorge López
Moctezuma. Universidad Iberoamericana A.C.
Crymble, Adam. 2021. Technology and the Historian: Transformations in the
Digital Age. Topics in the Digital Humanities. University of Illinois Press.
Hartog, François. 2007. Regímenes de historicidad: presentismo y experiencias
del tiempo. Universidad Iberoamericana. Departamento de Historia.
Salvaggio, Eryk. 2024. «A Hallucinogenic Compendium». Substack newsletter.
Cybernetic Forests, mayo 26.
https://cyberneticforests.substack.com/p/a-hallucinogenic-
compendium.