CLAVES. REVISTA DE HISTORIA
VOL. 12, N.° 22 ENERO - JUNIO 2026
ISSN 2393-6584 - MONTEVIDEO, URUGUAY
Pp. 1 - 28
Peronistas uruguayos: la CGT uruguaya y el
Movimiento Revolucionario La Escoba (1947-1954)
Uruguayan Peronists: the Uruguayan CGT and the
Movimiento Revolucionario La Escoba (1947-1654)
Fernando Adrover
1
Universidad de la República, Uruguay
DOI: https://doi.org/10.25032/crh.v12i22.2800
Enviado: 4/3/2026
Aceptado: 7/5/2026
Resumen: Este artículo aborda la trayectoria de dos organizaciones que, por su
orientación ideológica, sus definiciones políticas y sus nexos con el gobierno de Juan
Domingo Perón y la Confederación General del Trabajo (CGT), pueden denominarse
como peronistas. Aunque se reconoce que su formación se vinculó a la estrategia
regional desplegada por el gobierno peronista, la explicación de su surgimiento no se
agota allí, sino que se la considera en el marco de las redefiniciones que una derecha
nacionalista de matriz fascista llevó adelante para adaptarse al contexto político de
posguerra. El peronismo constituyó un modelo disponible y cercano, y un aliado
fuerte capaz de darle a esas organizaciones apoyo y financiación en virtud de la
confluencia de sus intereses. A través de documentación gubernamental uruguaya y
argentina, y de la prensa periódica, se pretende dar cuenta de la trayectoria de la CGT
uruguaya y el Movimiento Revolucionario La Escoba.
Palabras clave: peronismo, CGT, Movimiento Revolucionario La Escoba, fascismo.
Abstract: This article examines the trajectories of two organizations that, due to
their ideological orientation, political affiliations, and ties to the government of Juan
1
Profesor de Historia (Instituto de Profesores Artigas, Uruguay), Magister en Historia Política (Facultad
de Ciencias Sociales, Udelar) y Doctor en Historia (Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación,
Udelar), docente en esta y en la Facultad de Información y Comunicación (Udelar). Es autor de varios
capítulos de libros y artículos académicos publicados en los últimos años, integró varios Grupos de
Investigación I+D CSIC entre 2017 y 2023 y, en la actualidad, forma parte del “Grupo de estudios Asia-
Latinoamérica”, autoidentificado CSIC, con orientación hacia el Próximo y Medio Oriente.
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Domingo Perón and the Confederación General del Trabajo (CGT), can be defined as
Peronist. Although it is acknowledged that their formation was linked to the regional
strategy deployed by the Peronist government, the explanation for their emergence is
not reduced to that; rather it is considered within the framework of the redefinitions
that a nationalist right wing with a fascist matrix carried out to adapt to the postwar
political context. Peronism constituted an available and accessible model and a
strong ally capable of providing these organizations with support and funding due to
the convergence of their interests. Through governmental Uruguayan and
Argentinian sources, and the periodical press, this article aims to describe the
trajectory of the Uruguayan CGT and Movimiento Revolucionario La Escoba.
Keywords: Peronism, CGT, Movimiento Revolucionario La Escoba, Fascism.
1. Introducción
El estudio de las extremas derechas de matriz o influencias ideológicas fascistas
en Uruguay se ha ocupado del período de entreguerras (Aldrighi et al. 2000; Alpini
2015; Bohoslavsky y Broquetas 2020; Caetano 1987) o de su accionar en los años
sesenta y setenta (Broquetas 2014, 2024; Bucheli 2020). Sin embargo, su trayectoria
en la segunda posguerra, en la que la estrategia de estos grupos se redefinió y en la que
una parte se vio seducida por el modelo peronista, no ha recibido el mismo interés.
Breves menciones a este tipo de organizaciones peronistas son hechas en trabajos más
generales sobre la influencia del peronismo en Uruguay (Adrover 2022; Oddone
2003).
En virtud de su proyecto de generar las condiciones para un «Estado
sindicalista», los primeros intentos de organización de estas derechas de matriz
fascista se dieron en el plano sindical. Esto también ha sido poco estudiado por la
historiografía sobre el movimiento obrero uruguayo, a menudo concebida en términos
teleológicos, con la unificación sindical en torno a la Convención Nacional de
Trabajadores en 1964 como un punto de llegada, en función del cual el devenir del
sindicalismo en las décadas previas es visto casi como una prehistoria de dicha
unificación. Por esa razón, experiencias que no confluyeron en ese proceso han sido
escasamente analizadas. El «sindicalismo libre» nucleado en la Confederación Sindical
del Uruguay y el sindicalismo peronista recibieron atención por parte del politólogo
FERNANDO ADROVER
FACULTAD DE HUMANIDADES Y CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN, UNIVERSIDAD DE LA REPÚBLICA - 3 -
estadounidense Robert J. Alexander (2005), comprometido con el fortalecimiento del
sindicalismo anticomunista en la Guerra Fría, y más recientemente ha sido objeto de
estudio por los trabajos de Álvaro Sosa (2019), Fernando Adrover (2020) y Andrés
Serralta Massonnier (2019). La emergencia del sindicalismo peronista se inscribe en
un proceso de crecimiento y consolidación de la organización de una «nueva clase
obrera» (Porrini 2005), en un contexto de definiciones marcado por la diversidad
ideológica del movimiento sindical.
Este artículo se propone reponer la trayectoria de estos sujetos, poco estudiada
por parte de la historiografía uruguaya. En su mayoría se trató de personas que
mantuvieron sus espacios de militancia en los partidos tradicionales, en especial en el
herrerismo, pero se vieron seducidos por el peronismo desde el punto de vista
ideológico, por el estilo de su retórica como también por sus modelos de organización
de las masas. Esto se dio en una coyuntura política incierta, a inicios de la Guerra Fría,
de resignificación de nociones como la de totalitarismo y democracia (Vicente y López
Cantera 2022), que obligó a estos sujetos a redefinirse. Su accionar político despertó
grandes resistencias en sectores partidarios, estudiantiles y sindicales de diversa
orientación política, y motivó medidas extremas por parte del gobierno uruguayo.
2. La trayectoria del sindicalismo peronista en Uruguay (1947-1952)
El gobierno de Juan Domingo Perón desplegó una serie de estrategias para
influir en la vida política uruguaya. Aunque autores como Loris Zanatta (2013) han
estudiado este fenómeno como parte de una estrategia expansionista del peronismo en
América, en el caso uruguayo es preciso tener en cuenta su carácter reactivo ante la
existencia de una genuina percepción de amenaza por parte del régimen argentino en
relación con los gobiernos batllistas. Debido a su adscripción al panamericanismo, de
la que la «doctrina Larreta»
2
fue su expresión más clara, Uruguay constituía para el
gobierno argentino una amenaza estratégica (Cerrano 2019). La libertad de la que
gozaron los exiliados antiperonistas para desarrollar su propaganda contra el gobierno
argentino, e incluso para urdir sus planes golpistas, constituyó también una
2
Se conoce con ese nombre a la propuesta del canciller uruguayo Eduardo Rodríguez Larreta en 1945,
en una nota enviada al resto de los cancilleres del continente, en la que se proponía la intervención
multilateral en el concierto americano contra los gobiernos considerados totalitarios como garantía para
la seguridad hemisférica, en virtud del «paralelismo entre la democracia y la paz». Influido por la
política exterior estadounidense, Rodríguez Larreta es reconocido como uno de los principales
impulsores del panamericanismo.
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preocupación constante. Por ello, exacerbar las tensiones internas a las que se
enfrentaban los gobiernos batllistas, favorecer la llegada al poder de sectores más
afines como el herrerismo y contrarrestar la propaganda antiperonista, fueron
objetivos en los que el gobierno argentino invirtió un esfuerzo nada desdeñable
(Adrover 2020; Cerrano 2017; Cerrano y López D’Alesandro 2017). El fortalecimiento
de un sindicalismo peronista que antagonizara con el gobierno y explotara el
descontento social en aumento en regiones como el litoral del país fue una de las
estrategias que persiguieron tales objetivos.
El sindicalismo peronista tuvo su origen en 1947 en el sector de las reparaciones
navieras. En diciembre, la huelga iniciada en Regusci y Voulminot, la principal
empresa del rubro, fue derrotada por la decisión de un grupo de empleados que
optaron por volver a sus lugares de trabajo. La ruptura protagonizada por este grupo,
que hizo pública su oposición a la conducción «totalitaria» del sindicato de orientación
anarco-sindicalista denominado Federación Autónoma Naval, llevó a la formación, en
enero de 1948, del Sindicato Demócrata de Obreros de Regusci y Voulminot (SDORV)
dirigido por el militante herrerista Omar Díaz.
3
Varios de los dirigentes de primera
línea del sindicato y la posterior central sindical a la que dio lugar participaron de las
elecciones de 1951 en la lista 61 del herrerismo, entre ellos Jo García Ricaud
dirigente herrerista del Cerro de Montevideo— y Luis Alberto Zeballos —redactor de la
revista de filiación herrerista y peronista ¡Alerta!, acusado de ser el intermediario en
la financiación peronista de las campañas electorales herreristas—.
4
El SDORV
mantuvo una estrecha relación con la patronal de la empresa Regusci y Voulminot, que
colaboró en varias ocasiones con donaciones para su sede.
5
El responsable de la
empresa y benefactor del sindicato, Armando Regusci y Voulminot, integraba también
la filoperonista Comisión Nacional Uruguaya de Amigos de la Argentina junto a otros
empresarios —Daniel Baridón ligado a los astilleros de Carmelo y la textil Lanasur,
Tydeo Larre Borges de la empresa aeronáutica CAUSA— vinculados al país vecino por
3
«¡6 meses de trabajo!», Boletín Informativo del Sindicato Demócrata de Obreros de Regusci y
Voulminot, may. 26, 1948, p. 4. El sucesor de esta publicación, el boletín Radar, afirmaba con orgullo
que todos los afiliados al sindicato estaban adscriptos a los partidos tradicionales, y ninguno a partidos
de izquierda («Acusamos a la Federación Naval de Traicionar a la Patria. La verdad sobre los sucesos en
Regusci y Voulminot», Radar, dic., 1948, p. 7).
4
Ver: «Nuestra posición frente a la Argentina», ¡Alerta!, ago. 1949, p. 2; «Un hecho gravísimo», Acción,
dic. 26, 1953, p. 3.
5
«Importante donación», Boletín Informativo del Sindicato Demócrata de Obreros de Regusci y
Voulminot, mar. 31, 1948, p. 1.
FERNANDO ADROVER
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sus negocios. La publicación informativa del sindicato, Radar, daba cuenta de su
oposición al internacionalismo obrero, a las huelgas solidarias promovidas por el
anarco-sindicalismo y la acción directa, así como de un enérgico anticomunismo y su
respaldo a la reglamentación sindical reclamado por diversos actores de la derecha
uruguaya.
6
El rechazo al internacionalismo obrero llevó al SDORV a denunciar las
conexiones de la Federación Autónoma Naval con la anarco-sindicalista Federación
Obrera Regional Argentina (FORA), y a establecer los primeros vínculos en agosto de
1948 con los obreros navales vinculados al peronismo. El SDORV y los peronistas
unieron fuerzas para frustrar lo que consideraron un «complot anarco-comunista»,
7
esto es, la colaboración entre las federaciones navales de orientación anarco-
sindicalistas uruguaya y argentina para boicotear la reparación en Montevideo de
buques argentinos. A partir de esa experiencia los vínculos del SDORV con el
sindicalismo peronista se estrecharon, aunque sin mostrar n una completa
identificación ideológica con el justicialismo.
8
El acto del 1.º de mayo de 1949 dejó en
claro esos vínculos al participar una delegación de trabajadores argentinos de filiación
peronista, pero también puso de manifiesto los primeros intentos del SDORV de
expandir su base de apoyo al interior del país, en tanto fueron invitadas a Montevideo
delegaciones de Carmelo —otro centro importante para la actividad naviera
uruguaya— y Paysandú.
9
En abril Omar Díaz hizo su primera visita a Buenos Aires para
reunirse con integrantes de la CGT.
10
Nuevamente en 1950, el SDORV hizo esfuerzos
para romper el boicot que los gremios anarco-sindicalistas del sector portuario
hicieron a los buques argentinos en Montevideo.
11
Serralta Massonnier (2019) aborda
este proceso formativo de un sindicalismo peronista en Uruguay como parte de un
6
«Defender la patria», Boletín Informativo del Sindicato Demócrata de Obreros de Regusci y
Voulminot, abr. 31, 1948, p. 1; «Sindicalismo democrático», Boletín Informativo del Sindicato
Demócrata de Obreros de Regusci y Voulminot, mar. 31, 1948, p. 1.
7
«Complot anarco-comunista», Radar, set., 1948 (suplemento), p. 5.
8
Ese vínculo quedó de manifiesto en el inventario de publicaciones recibidas por los redactores de
Radar, en el que ganaron espacio aquellas del sindicalismo peronista, como el periódico CGT y los
boletines de los sindicatos portuarios afiliados a esa central, así como el periódico universitario
uruguayo Ataque, financiado por la embajada argentina: «Publicaciones recibidas», Radar, dic., 1948,
p. 8.
9
«Día de los trabajadores», Radar, may., 1949, p. 1; «Amplia solidaridad con los obreros de Regusci y
Voulminot», Radar, may., 1949, p. 1.
10
«Los obreros argentinos fijan su posición», Radar, abr., 1949, p. 3.
11
«Los conflictos obreros en 1950», CGT, dic., 1950, p. 3; nota del encargado de negocios Carlos Amaya
al canciller Hipólito Paz, jul. 20, 1950, Archivo Histórico del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto
[Argentina] (AHMREC) (Argentina), Fondo Legación, Embajada y Consulados en Uruguay, caja
AH/0198, carpeta 3; nota de la Embajada Argentina en Uruguay al canciller Hipólito Paz, jul. 28, 1950,
AHMREC, Fondo Legación, Embajada y Consulados en Uruguay, caja AH/0198, carpeta 3.
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intento de cooptación de la CGT y el gobierno argentino a través de la figura de los
agregados obreros de la embajada en Montevideo. No obstante, esta visión unilateral
del proceso no reconoce el hecho de que el acercamiento se dio en función de una
comunidad de intereses y colaboraciones en episodios puntuales que fortalecieron
los lazos.
A partir de 1950 el SDORV comenzó a articular lazos con otros sindicatos, y en
un congreso celebrado el 22 y 23 de diciembre de ese año se creó de forma oficial la
CGT uruguaya (CGT-U), encabezada por Omar Díaz y Washington Camps; así, se
adoptó de forma abierta el ideario justicialista
12
y se estrecharon los lazos con su par
argentina. Formaron parte de esta central, además del SDORV, el Sindicato Autónomo
de Ferrosmalt, la Asociación de Obreros en Lanas, Cueros y Afines (Autónoma), la
Sociedad de Mozos y Similares «La Concordia» de Salto representada por el dirigente
Ramón Val, el Sindicato Democrático de Empleados y Obreros de FUNSA que aportó
a la CGT-U al dirigente Elías Gómez, y el Sindicato Demócrata de Schmidt y Garino.
13
Más tarde se integró la Unión de Trabajadores Gastronómicos,
14
y se llegó a señalar
vínculos con otros gremios no integrados de manera formal a la central, como un sector
de la Federación Uruguaya de Empleados de Comercio e Industrias (FUECI) cuya
figura más activa fue el escribano Vicente Caputi,
15
los trabajadores de la Fábrica
Alpargatas y la Federación Autónoma de la Carne, probablemente a través de contactos
establecidos por el agregado obrero argentino Francisco Constantino.
16
También
estuvieron estrechamente vinculadas a la CGT-U la Liga Nacional de Inquilinos y en
especial la Confederación General Reivindicadora de las Clases Pasivas (CGRCP),
liderada por Paulino González,
17
y en 1952 la central comenzó a ganar adeptos en los
sindicatos de choferes de ómnibus.
18
12
Se sostenía que «es uno de los postulados del Consejo Constitutivo de esta C.G.T.: marchar dentro de
la Tercera Posición, ni con un imperialismo ni con otro, posición ésta que […] proclama la Argentina»
(«El escribano Caputi (h) y la C.G.T.», CGT, jun., 1951, p. 2).
13
«Realizóse el Congreso Constitutivo de la C.G.T.», CGT, feb., 1951, p. 2.
14
«Unión de Trabajadores Gastronómicos», CGT, mar., 1951, p. 3.
15
«Una aclaración», Acción, nov. 18, 1951, p. 3; «El presidente de FUECI al servicio del peronismo», El
Sol, nov. 13, 1951, p. 5; «Benito Rovira, cada vez más sospechoso», El Sol, nov. 20, 1951, p. 2.
16
Nota de Francisco Costantino al embajador extraordinario Gregorio Martínez, may. 30, 1947,
AHMREC, Fondo Legación, Embajada y Consulados en Uruguay, caja AH-0194, carpeta 1.
17
«Don Paulino González líder de las clases pasivas», CGT, jul., 1951, p. 4.
18
Archivo de la Dirección de Investigaciones, Servicio de Inteligencia y Enlace de la Policía Nacional (en
adelante DI-SIE), caja 108-130, doc. 118, memorándum del agente infiltrado (Vicente Denis), ago. 22,
1952. Este agente fue en representación de la CGT-U a ATLAS como integrante del Sindicato
Interdepartamental de Choferes.
FERNANDO ADROVER
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En los meses siguientes a su formación la CGT-U desplegó acciones para
expandir su base de influencia tanto en términos numéricos como territoriales. El
departamento de Colonia fue el principal foco de su acción. Desde 1947 y a partir de la
imposición de impuestos a la exportación de piedra y arena para satisfacer las
necesidades recaudatorias del gobierno municipal primero,
19
y el posterior
establecimiento de tasas adicionales por parte del gobierno nacional,
20
una de las
principales actividades económicas del departamento se había paralizado. En
represalia a los aumentos de impuestos el gobierno argentino había restringido
primero y eliminado más tarde las cuotas de importación de piedra y arena uruguaya
para el mercado bonaerense, que constituía la mayor parte de la demanda de las
areneras que se extendían entre Carmelo en Colonia y Arazatí en San José, muchas de
ellas de capitales argentinos (Jacob 2013).
21
La paralización y el retiro de la maquinaria
y las embarcaciones de transporte del material por estos capitalistas repercutieron de
manera negativa en el empleo en Colonia
22
al afectar también la demanda de
reparaciones navieras de los astilleros de la zona. La situación llegó a ser tan acuciante
que tanto el gobierno municipal como el Instituto Nacional de Alimentación tuvieron
que intervenir para dar asistencia a los trabajadores desempleados: otorgaron canastas
de víveres para paliar el hambre de las familias.
23
La actividad naviera corrió una suerte
similar a la arenera, aunque en este caso afectó a obreros de mayor calificación y
capacidad organizativa. Concentrada sobre todo en la ciudad de Carmelo, con los
astilleros MDF y Mihanovich (luego adquirido por la empresa Dodero), en los primeros
años de la posguerra llegaron a emplear entre 450 y 600 trabajadores (Bacigalupe 57,
163). Sin embargo, entre agosto de 1948 y octubre de 1949 estos dos importantes
astilleros paralizaron sus actividades
24
y afectaron de forma notable la economía de la
ciudad (Carro y Bevegni 18).
La asignación de una exclusiva responsabilidad al gobierno uruguayo por la
situación del sector arenero y la confianza en su mediación para lograr que el gobierno
19
Actas de la Junta Departamental de Colonia, sesión del 6 de junio de 1947, f. 398.
20
«Se aprobó ayer el proyecto de aumento a la arena y la piedra», El Ideal, jun. 22, 1948.
21
«Situación de las industrias extractivas», La Colonia, ene. 27, 1950, p. 1; Actas de la Junta
Departamental de Colonia, sesión del 27 de junio de 1950, ff. 124-125.
22
«El problema arenero», El Ideal, ene. 12, 1951, p. 3.
23
«Ayuda a obreros areneros», La Unión, jun. 27, 1950, p. 1; Actas de la Junta Departamental de
Colonia, sesión del 27 de junio de 1950, f. 125.
24
«La empresa Dodero suspendería sus servicios en el Litoral», El Bien Público, ago. 20, 1948, p. 8;
«Paralización de los astilleros M.D.F.», El Ideal, oct. 22, 1949, p. 3.
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peronista destrabara la situación fue parte del discurso y las promesas de la CGT-U, lo
que le permitió ganar adeptos entre los trabajadores de la piedra y la arena de Colonia:
uno de sus dirigentes, Felipe Otte, se convirtió en activo miembro de la CGT-U. En
agosto de 1951, la recientemente creada Federación de los Trabajadores de la Arena y
la Piedra se unió a la CGT-U.
25
No es casual que la central escogiera para uno de sus
primeros actos «de masas» el Real de San Carlos en Colonia del Sacramento. Del acto
participó una delegación de la CGT argentina encabezada por su líder José Espejo, y
en la oratoria se insistió en la responsabilidad del gobierno uruguayo, hostil a Perón,
en la debacle económica y el desempleo generalizado en el departamento.
26
La
polémica sobre el mero de asistentes ocupó a la prensa coloniense en los días
siguientes,
27
así como los actos de repudio a tal «infiltración peronista» tendiente a
sembrar «malsana semilla».
28
No obstante, más allá de la excepción relativa de Acción,
El Plata y El Sol, el episodio no tuvo una repercusión equivalente en la prensa nacional,
aunque comenzaba a advertirse un escenario novedoso, que para los sectores
antiperonistas se hizo sin embargo más evidente a partir de 1952. La «amenaza
peronista» no se restringía ya a una ofensiva propagandística o los lazos estrechados
por el gobierno argentino con el herrerismo, sino que implicaba una infiltración en
movimientos sociales que se entendían como desestabilizadores para el gobierno. El
Plata sintetizaba esta idea:
Los sucesos ocurridos en Colonia, la indudable presencia de espías peronistas en nuestro
País, lo sucedido con las estaciones radiales uruguayas, las dificultades de origen oficial
peronista a la entrada de publicaciones uruguayas, etc., etc., todos estos hechos reunidos o
aislados caracterizan una situación que no puede causar asombro.
Pero lo que tiene que resultar inadmisible e incomprensible para todo hombre de bien, es
la posición de quienes, por afán de lucro, por perspectivas o realidades de cotizar aquí su
25
«Constitución de la Federación», CGT, ago., 1951, p. 4.
26
Se conoce esto sobre todo a través de la prensa antiperonista que se apresuró en rebatir los
argumentos de Omar Díaz y José Espejo: «Desvirtuando tendenciosas afirmaciones», La Colonia, nov.
6, 1951, p. 1.
27
«No alcanzaron los depreciados millones peronistas para comprar el rico patrimonio de los
orientales», La Unión, oct. 30, 1951, pp. 1, 7. En los interrogatorios policiales llevados adelante en
setiembre de 1952, uno de los organizadores del acto sostuvo que concurrieron 195 argentinos y 2000
asistentes uruguayos (DI-SIE, caja 108-130, doc. 118, interrogatorios anonimizados [probablemente
Pedro Daniel Baridón], set. 29, 1952, f. 34). Tras sucesivas contravenciones a la ley de acceso a la
información pública por parte de la Dirección Nacional de Inteligencia, se logró acceso a esta
documentación, aunque muchos de sus datos fueron ocultos de forma arbitraria en virtud de la ley de
protección de datos personales, incluso aquellos que son de dominio público.
28
«La defensa de la libertad exige una actividad permanente», El Ideal, oct. 30, 1951, p. 3.
FERNANDO ADROVER
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influencia allá, o por tonta vanidad, aparecen oficiando de quinta columna peronista en el
Uruguay.
29
En febrero de 1952, delegados de la CGT-U y de la CGRCP participaron en
Paraguay de la gestación de la iniciativa continental del sindicalismo peronista, al
celebrarse el congreso constitutivo del Comité de Unidad Sindical Latinoamericana
(CUSLA), antecedente de la central continental peronista, la Agrupación de
Trabajadores Latinoamericanos Sindicalistas (ATLAS), surgida en México en
noviembre de ese año.
30
Omar Díaz, Secretario de Organización del CUSLA, viajó por
todo el continente con el objetivo de preparar el congreso de México de noviembre
(Díaz 20-25). A pesar de ese importante rol de la central uruguaya en la etapa formativa
de la organización continental, con la adhesión de la Confederación Regional Obrera
Mexicana como el otro gran pilar de ATLAS, la CGT-U perdió peso en la organización,
como demuestran los cargos que ocupó y el número de representantes con los que
contó en ATLAS (Panella 43; Urriza 64).
El surgimiento de la CGT-U se dio en un momento de intensificación de la
movilización sindical, coincidente con algunos síntomas de deterioro de la situación
económica del país en contraste con el crecimiento de los años anteriores (Cores 213).
31
Ya en 1946 y 1947 se habían dado importantes huelgas en el sector metalúrgico,
reiteradas en 1949 y 1950 (Ferreira 73-81), y en el sector ferroviario, que llevó a
facciones partidaria de derecha y patronales a reclamar la reglamentación sindical y a
impulsar la aprobación de la legislación que declaraba ilícita la huelga en los servicios
públicos.
32
La denuncia de una infiltración foránea en las organizaciones sindicales se
intensificó en 1950, al calor de las paralizaciones de los obreros de la lana (febrero), de
la estiba (mayo) y, entre julio y octubre, de los portuarios, ferroviarios y frigoríficos; se
denunció un «clima subversivo» que debía ser conjurado con medidas enérgicas.
33
En
un movimiento sindical dividido en centrales de orientación ideológica muy diversa la
29
«La quinta columna peronista», El Plata, nov. 11, 1951, p. 3.
30
«Trabajadores de diecinueve países, mancomunados en ideales de libertad y dignificación» y «Se
realizó en Asunción la justa más trascendental para los trabajadores de Latino América», Trabajo y
Jubilación, feb.-mar., 1952, pp. 1, 8.
31
En esto coincide con Alexander (45), quien en su diagnóstico del declive económico uruguayo durante
el período refiere también al estancamiento del agro y las dificultades crecientes para la colocación de
las exportaciones de lana y carne, y las limitaciones de la actividad industrial con un mercado interno
reducido y capacidad productiva ociosa.
32
Diarios de Sesiones de la Cámara de Senadores, sesión del 16 de abril de 1947.
33
Cfr.: «El clima de huelgas y la posibilidad de adoptar medidas para conjurarlo», El País, jul. 29, 1950,
p. 3.
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mayor conflictividad provino de los gremios de orientación anarco-sindicalista que,
desde la huelga de Regusci y Voulminot en 1947, habían iniciado un proceso de
coordinación y solidaridad que cristalizó en 1951 con la creación del Comité de Huelga
Solidario. Este hecho se dio en el contexto de una gran huelga iniciada por los
trabajadores de la empresa estatal ANCAP, a la que otros gremios se unieron en
solidaridad, y acabaron por lograr la restitución de los trabajadores despedidos en la
empresa de combustibles del Estado (Cores 199-201).
El año 1952 inició con huelgas de los trabajadores de FUNSA, de la
Administración Nacional de Puertos y del sector metalúrgico, y en marzo la
paralización de los empleados de Salud Pública fue respondida por el gobierno con la
aplicación de medidas prontas de seguridad, que se reiteraron en setiembre ante la
huelga del transporte metropolitano (Kierszenbaum 105). Además de la infiltración
foránea, los defensores de la adopción de medidas represivas de este tipo por parte del
Estado, entendían que el movimiento sindical se salía de su cauce y buscaba usurpar el
lugar de los partidos políticos en la sociedad, por lo que era necesario restituir el orden
(Iglesias 152).
En ese contexto, el sindicalismo peronista se encontraba, por un lado, en un
proceso de expansión de su base de apoyo y su influencia, y, por otra parte, disputando
un lugar de genuina representación de una orientación anticomunista en el
movimiento obrero. Esta disputa lo enfrentaba a la Confederación Sindical del
Uruguay (CSU), creada en enero de 1951 como expresión del «sindicalismo libre», con
una importante influencia de trabajadores socialistas, pero también con el respaldo de
las organizaciones internacionales que respondían a la influencia de los Estados
Unidos, como la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres
(CIOSL) y la Organización Regional Interamericana de Trabajadores, aunque su
surgimiento no puede reducirse a la imposición estadounidense de un sindicalismo
«amarillo» (Sosa 96). La propuesta de la CGT-U era la de un sindicalismo
anticomunista y no clasista, genuinamente americanista en contraposición con una
CSU que era presentada como un títere de los intereses imperialistas de los Estados
Unidos.
34
34
«Sindicalismo práctico en el campo internacional», CGT, mar., 1951, pp. 1-2.
FERNANDO ADROVER
FACULTAD DE HUMANIDADES Y CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN, UNIVERSIDAD DE LA REPÚBLICA - 11 -
La estrategia de la CGT-U era respaldada por la acción de los agregados obreros
argentinos, cuyo plan de acción de noviembre de 1951 establecía la obligación de
desplegar una intensa propaganda tendiente a «hacer conocer» el justicialismo entre
las masas obreras del continente, y ejercer una labor de instigación y coordinación
subrepticia sin exponerse como agitadores.
35
Al agregado obrero en Uruguay se le
recomendaba «dedicarse a la intensificación de esa central obrera, pero sin aparecer
en ningún momento como gestor ni actor de ninguna de sus decisiones», y se le
asignaba un volumen de material de propaganda solo menor al destinado a Chile y
México.
36
Sin embargo, el lugar de los agregados obreros en la estrategia de política
exterior del peronismo generó múltiples tensiones internas en el gobierno argentino y
dificultades en los vínculos interestatales (Semán 136-137).
37
Por ello, nuevas
orientaciones en agosto de 1952 llamaron a estos funcionarios a actuar con más cautela
y «ensayar un compás de espera en sus trabajos activos».
38
A esta revisión de la estrategia internacional del sindicalismo peronista se sumó,
en setiembre de 1952, otro factor que determinó la suerte de la CGT-U. Las huelgas de
los «gremios solidarios» a raíz de la paralización del transporte fueron respondidas de
nuevo por el gobierno mediante medidas prontas de seguridad. El tono con que los
defensores de las medidas atacaron a los trabajadores fue más virulento, y se presentó
al país como postrado ante un ensayo revolucionario encabezado por agitadores
foráneos infiltrados en el movimiento sindical. Se señalaba la intervención de
comunistas y peronistas, aunque ni la central comunista Unión General de
35
Instrucciones para el plan de acción, nov. 1951, AHMREC, Fondo Agregados Obreros, caja AH-0001,
carpeta 9.
36
Plan de acción para el movimiento justicialista internacional, s.f., AHMREC, Fondo Agregados
Obreros, caja AH-0001, carpeta 23. El documento puede datarse entre marzo y abril de 1952, dado alude
al colegiado en Uruguay (en funcionamiento a partir del 1 de marzo) pero es anterior al triunfo del
Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) en Bolivia (9 de abril).
37
El programa de agregados obreros creado en 1946, según el autor, a menudo chocó con la orientación
que Perón o el pragmatismo del canciller Atilio Bramuglia quisieron imprimirle a su política
internacional. Los agregados obreros, como en general la base obrera del movimiento, constituían una
fuerza no siempre fácil de disciplinar para Perón. Semán sostiene que en 1948 la política exterior
peronista tuvo su primer punto de inflexión, acrecentando su anticomunismo y con él su confluencia
con los gobiernos autoritarios del continente y los Estados Unidos. Entre 1948 y 1953 observa una
ambivalencia entre el impulso a la diplomacia obrera pero la voluntad y la capitalización de sus logros,
por un lado, y la voluntad de moderarla, por otro. Tras 1953 el gobierno peronista se propuso
definitivamente su desmantelamiento.
38
Circular de la cancillería argentina a los agregados obreros, ago. 7, 1952, AHMREC, Fondo Agregados
Obreros, caja AH-0001, carpeta 9 (énfasis en el original).
PERONISTAS URUGUAYOS: LA CGT URUGUAYA Y
- 12 - CLAVES. REVISTA DE HISTORIA, VOL. 12, N.º 22 - (ENERO - JUNIO 2026) - ISSN 2393-6584
Trabajadores (UGT) ni la CGT-U participaron de las huelgas. El registro gráfico de una
reunión mantenida por el agregado obrero argentino con trabajadores de la Fábrica
Alpargatas, fue exhibida como la prueba incontestable de la infiltración peronista.
39
El
gobierno uruguayo reaccionó expulsando al agregado obrero y a su secretario del país,
lo que agravó las ya tensas relaciones bilaterales con Argentina.
40
A partir de esta
coyuntura, la CGT-U fue objeto de una intensa campaña de desprestigio por parte de
la prensa antiperonista, que la presentaba como una amenaza para la integridad
nacional
41
y, al mismo tiempo, blanco del despliegue de la militancia del recientemente
creado Movimiento Antitotalitario del Uruguay (Adrover 2025), a lo que se sumaba la
vigilancia y persecución policial.
Sobre este último punto es preciso destacar que, según consta en la
documentación de inteligencia policial, al menos desde noviembre de 1951 la CGT
estaba infiltrada por dos policías. Uno de ellos, conocido con el nombre de Vicente
Denis, llegó a desempeñar un papel destacado en el movimiento: fue designado como
representante de la CGT-U en el congreso de ATLAS e integró como suplente su
ejecutivo.
42
La vigilancia policial permitió poner de manifiesto la financiación
peronista a las actividades de la central, su estrecho vínculo con los agregados
argentinos y la Casa Argentina, lugar donde se celebró la reunión de obreros de
Alpargatas.
43
La actividad de Denis, además, buscó deliberadamente sembrar la
división entre los integrantes de la central y su desmoralización ante las dificultades
para atraer el financiamiento argentino durante 1952.
44
Los datos recabados por Denis
39
«Prueba de la intromisión peronista en nuestros gremios», El Día, set. 17, 1952, p. 7.
40
«Personas no gratas», Acción, set. 13, 1952, p. 3; informe secreto de la cancillería sobre las relaciones
con Argentina, ene. 29, 1953, Archivo del Museo Histórico Nacional, Fondo Andrés Martínez Trueba,
carpeta 3487.
41
Uno de los medios más activos, junto a El País, El Plata, Acción y El Sol, en esa prédica, fue El Día.
Tomaré como ejemplo sus publicaciones, que aunaron dos aspectos importantes en esa campaña
antiperonista: por una parte, la denuncia y exhibición de presuntas pruebas de una acción concertada
de expansionismo peronista en el continente, que afectaba también a otros países como Chile; y, por
otra parte, la voluntad de probar que comunistas y peronistas se encontraban mancomunados en una
acción desestabilizadora, dada su alianza totalitaria. Ver, por ejemplo: «Un totalitarismo nuevo y
peligroso», El Día, set. 26, 1952, p. 6; «La coalición liberticida», El Día, oct. 23, 1952, pp. 7-8; «Del
contubernio comu-peronista», El Día, mar. 17, 1953, p. 9; «Nuevas denuncias del frente comu-
peroniano sindical», El a, abr. 6, 1953, p. 5; «Perón, Eva y Stalin», El Día, abr. 13, 1953, p. 7; «El
comunismo quiere aliarse con Perón», El Día, abr. 23, 1953, p. 7.
42
Adenda a la nota del agente infiltrado (Vicente Denis) a sus superiores, DI-SIE, caja 108-130, doc. 123,
dic. 20, 1952, f. 4.
43
DI-SIE, caja 108-130, doc. 118, interrogatorios anonimizados, set. 26, 1952, f. 25 y set. 29, 1952, f. 32.
44
DI-SIE, caja 108-130, doc. 118, interrogatorios anonimizados (José García Ricaud), nov. 14, 1952, ff.
14-15; DI-SIE, caja 108-130, doc. 118, memorándum del agente infiltrado, set. 24, 1952.
FERNANDO ADROVER
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permitieron, al final, la detención e interrogatorio de dieciocho miembros de la central
y el allanamiento de su local y domicilios de algunos de los detenidos.
45
En síntesis, los vínculos de la CGT-U con los agregados obreros habían sido
expuestos en contravención con las instrucciones del gobierno argentino, que además
se encontraba abocado a limitar el programa de diplomacia sindical. Las dificultades
de Omar Díaz para obtener financiamiento argentino durante 1952 se agravaron con la
expulsión de los agregados y la resistencia de los diplomáticos de la embajada
argentina a ATLAS y sus afiliados.
46
A eso se sumó un hostigamiento a través de varios
frentes —entre los que se destaca la persecución policial— que dificultó las actividades
de la central y cuestionó su legitimidad. Por estas razones sus líderes tomaron la
decisión de disolverla; así, se cerró el breve experimento de una central sindical
peronista en Uruguay. No obstante, esto no implicó la disgregación de los peronistas
uruguayos, sino un cambio de estrategia.
3. La redefinición de la estrategia de los peronistas uruguayos y la
creación del Movimiento Revolucionario La Escoba (1953-1954)
Tras el duro golpe que supuso para la CGT-U la coyuntura de setiembre de 1952
y los meses siguientes, en junio de 1953 comenzó a aparecer la publicación La Escoba,
presentada como el órgano del Movimiento Nacional La Escoba, que más tarde pasó a
denominarse Movimiento Revolucionario La Escoba.
Desde un primer momento fue evidente que el elenco dirigente del movimiento
mantenía una gran continuidad con el de la CGT-U, pero que su estrategia política
había variado. En primer lugar, se dio un desplazamiento de las reivindicaciones
obreras hacia una plataforma más amplia, capaz de captar adhesiones y simpatías de
grupos sociales más diversos. Aunque las críticas a algunas empresas por su
explotación a los trabajadores persistieron, el combate con la CSU, la UGT o el anarco-
sindicalismo perdieron espacio en La Escoba. La noción de un «pueblo» enfrentado a
una «oligarquía», además de evocar un lugar común del discurso peronista, buscaba
abarcar un colectivo más amplio que incluía no solo a obreros, sino también a la
población rural o corporaciones como la militar. A esta noción s abarcadora de
45
Todos los documentos referidos a esto se encuentran en DI-SIE, caja 108-130, doc. 118.
46
Carta del Comité Nacional de Unidad Sindical (Uruguay) al ejecutivo de ATLAS, DI-SIE, caja 108-130,
doc. 123, mar. 4, 1953.
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pueblo también la acompañó una idea más amplia de justicia social.
47
Incluso la
iconografía de La Escoba buscó reflejar estas ideas a menudo estereotipos de obreros
de overol y paisanos rurales, mancomunados en la labor de barrer a —la también
estereotipada— oligarquía extranjerizante de traje y galera.
48
Durante 1954 se hizo
mayor la presencia en La Escoba de las reivindicaciones en favor de los pequeños
agricultores, a los que el articulista «Pincha Fuerte» presentaba como sometidos a la
explotación de agiotistas y políticos venales, como trabajadores abnegados, pero
abandonados por una legislación social que no los alcanzaba. Se explotaba la oposición
campo-ciudad: el primero era presentado como espacio de trabajo y virtud, y la
segunda, como uno de especulación y vicio.
49
En este sentido el discurso tenía ciertas
similitudes con el del movimiento ruralista liderado por Benito Nardone (Jacob, Benito
Nardone 55-57, 88), aunque la Liga Federal representaba en mayor medida a un sector
de pequeños y medianos ganaderos que a la población dedicada al trabajo agrícola. La
Escoba pretendía, así, representar a un sector que entendía sin voz.
En esta búsqueda de ampliar su base de apoyos y de mayor representatividad de
los estamentos de la sociedad, La Escoba dio también espacio a algunos militares
nacionalistas, autoidentificados como católicos y artiguistas, que presentaban a la
corporación castrense como una reserva moral suprapolítica en la sociedad. Se
destacaba entre estas figuras el coronel (r) Pascual Morales, cuya fuerte reivindicación
del artiguismo fue el modelo y fundamento para un discurso contrario al «servilismo»
del país a los Estados Unidos, que el panamericanismo representaba.
50
La entrevista a
otro militar vinculado a La Escoba, el Tte. Coronel Juan Carlos Aragón, da indicios de
que los apoyos castrenses del movimiento se reclutaban entre integrantes del ejército
descontentos, que se consideraban relegados por los sucesivos gobiernos a partir de la
administración de Alfredo Baldomir, penalizados por su orientación nacionalista y
antiimperialista.
51
47
«El pueblo barrerá a la oligarquía», La Escoba, jun. (primera quincena), 1953, p. 1.
48
La Escoba, jul. (primera quincena), 1953, p. 1; La Escoba, jul. (segunda quincena), 1953, p. 1.
49
«El asunto del trigo», La Escoba, feb. 19, 1954; feb. 25, 1954; mar. 11, 1954; mar. 18, 1954, p. 3;
«Problemas del campo», La Escoba, mar. 25, 1954; abr. 1, 1954; abr. 8, 1954, p. 2.
50
«Habla el coronel (r.) don Pascual Morales», La Escoba, jul. (primera quincena), 1953, p. 2; «Habla
el coronel (r.) don Pascual Morales», La Escoba, jul. (segunda quincena), 1953, p. 2.
51
«Habla el Tte. Coronel Juan Carlos Aragón», La Escoba, ago. (segunda quincena), 1953, p. 2; «Sobre
legislación militar», La Escoba, ago. (segunda quincena), 1953, pp. 2-3.
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Un segundo aspecto a destacar en el cambio de estrategia que implicó La
Escoba, es la exhibición de sus afinidades con el peronismo. Aunque estas eran
evidentes para un lector atento, es difícil encontrar en La Escoba referencias explícitas
a esos nexos. Solo en las secciones dedicadas a las cartas de lectores, o en breves
párrafos sobre temas diversos en la última página, bajo el título «A calzón quitado»,
aparecían algunas reivindicaciones más claras del justicialismo.
52
La virulenta
campaña de la publicación contra los exiliados argentinos antiperonistas y su
militancia en Uruguay constituyó, no obstante, el aspecto en que más evidente fue la
comunidad de intereses con el peronismo y su colaboración, ya que las acusaciones de
La Escoba se nutrían de informaciones provistas desde Argentina, incluso
provenientes de expedientes judiciales.
53
Ernesto Sammartino, Silvano Santander y
sobre todo Agustín Rodríguez Araya fueron los principales objetivos de una sistemática
campaña por parte de La Escoba. Al primero se lo consideraba «un gángster del
periodismo internacional actualmente al servicio de la Sociedad Interamericana de
Prensa que es lo mismo que decir el Departamento de Estado»;
54
mientras que el
segundo fue acusado, por su prédica golpista y conspirativa contra el gobierno
argentino como un «terrorista».
55
Al último se lo atacó de forma recurrente,
acusándolo de ser un criminal común y no un refugiado político: se trataba, según La
Escoba, de un estafador vinculado a las mafias de Rosario, un contrabandista y un
agente del exembajador estadounidense en Argentina Spruille Braden. En varias
ocasiones estos ataques virulentos contra los exiliados llevaron a que la justicia
uruguaya obligara al periódico a publicar desmentidos, debido a las denuncias por
difamación elevadas por los afectados.
56
La dicotomía oligarquía/pueblo, tan cara al discurso peronista, fue
instrumentalizada por La Escoba en un sentido que servía en buena medida a los
52
Un ejemplo de esto es la crítica a El Plata por denunciar falsas torturas en Argentina, en la que se
reivindicaba que «la diferencia es que antes encerraban a los trabajadores y ahora encierran a los
oligarcas» («A calzón quitado», La Escoba, jul. [segunda quincena], 1953, p. 4).
53
«Un perfecto delincuente» y «Estafas “perfectamente realizadas», La Escoba, ago. (segunda
quincena), 1953, p. 1; «Los cargos que nunca levantó», La Escoba, oct. (primera quincena), 1953, p. 2.
54
«Un gángster del periodismo», La Escoba, set. (segunda quincena), 1953, p. 3. Se lo acusaba también
de haber hecho importantes negocios y ganado una gran riqueza en Uruguay: «Cómo viven los exiliados
en nuestro país. ernesto sammartino», dic. (primera quincena), 1953, p. 4 (el periódico escribía en
minúsculas los nombres de las personas a las que no les concedía estatura moral).
55
«Un sinvergüenza: ernesto sammartino», La Escoba, oct. (primera quincena), 1953, p. 2. Ver también:
«Autopsias de “La Escoba”. silvano santander», nov. (primera quincena), 1953, p. 2; «Quién es silvano
santander», La Escoba, ene. 21, 1954, p. 2.
56
Ver, por ejemplo: «Ley de imprenta», La Escoba, dic. (segunda quincena), 1953, p. 3.
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objetivos del justicialismo, que pretendía deslegitimar y, eventualmente, colaborar en
la derrota de un gobierno uruguayo que consideraba hostil. Esta dicotomía en la
retórica de La Escoba tomó la forma de un recurrente discurso antipolítico que atacaba
la legitimidad del sistema de partidos y el prestigio personal de los principales líderes
políticos a través de editoriales doctrinarios, pero también de publicaciones
sensacionalistas que pretendían exponer la implicación de figuras políticas en actos de
corrupción pública y la presunta inmoralidad de su vida privada.
En sus proclamas doctrinales, el movimiento concebía al país en estos términos:
Siempre se ha dicho que existen dos Uruguay; el leguleyo de la casta que gobierna, el de los
burócratas indecentes, el de los delincuentes protegidos y coimeros, el de los adulones y
vende patria; y el otro Uruguay, el del pueblo que trabaja y produce, manteniendo con su
esfuerzo a millares de inservibles y vivillos. Este último, el verdadero Uruguay, no tiene voz
ni voto en la conducción del país, en la elaboración de la legislación social y en la orientación
internacional, que en defensa del hombre de trabajo, de la riqueza y el capital nacional,
debemos adoptar, como pueblo libre y soberano.
57
Frente a los partidos corruptos debía erigirse, en contraposición, un
«movimiento» genuinamente popular, destinado a ser el protagonista de un cambio de
época, de la superación de estructuras obsoletas. El carácter de movimiento,
distanciado de la institucionalidad partidaria, era parte importante de la propuesta del
grupo encabezado por Omar Díaz: se estructuraba en «fortines», algunos definidos en
términos territoriales, mientras que otros se organizaban en torno a gremios. Se
defendía, en estos núcleos, una estructura horizontal que se oponía al elitismo de los
partidos: «No queremos trazarnos un plan inmediato en materia política, será el
pueblo a través de asambleas libérrimas el que juzgará a los elementos que componen
nuestra sociedad y la capacidad o derecho que tienen para ser electos en los cargos para
los cuales se auto-postulan».
58
El movimiento, como se mencionó, estaba llamado a protagonizar un cambio
que supusiera la superación de un estadio de la civilización: el mundo, según
editorializaba La Escoba, se encontraba enfrascado en una lucha «de gobiernos contra
pueblos». Se avecinaba «la hora de los pueblos», un nuevo estadio civilizatorio que se
alcanzaría mediante una revolución más o menos violenta según lo requirieran las
57
«¿Qué hará nuestro pueblo?», La Escoba, oct. (segunda quincena), 1953, p. 1.
58
«Cómo funciona La Escoba», La Escoba, jun. (primera quincena), 1953, p. 3.
FERNANDO ADROVER
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circunstancias —y las resistencias del viejo orden—.
59
El objetivo era la instauración de
un «Estado sindicalista», único orden capaz de garantizar la justicia social y superar la
explotación de los «dos imperialismos», que a pesar de estar enfrentados compartían
la misma raíz.
60
El «Estado sindicalista» sería el único capaz de llevar adelante un
profundo cambio económico:
Para conseguir esto no es necesario que el Gobierno dirija la producción y la economía
como en los estados colectivistas, solamente es necesario que la encauze [sic], valorizando
sus precios de exportación. Solamente un Estado Sindicalista como lo serán todos en el
futuro podrán poner en práctica estas formas económicas evolutivas, para que haya menos
ricos, pero también a la vez menos pobres. Recién entonces se podrá hablar de Justicia
Social.
61
Esta idea de la «hora de los pueblos» y la defensa de un «Estado sindicalista»
era apoyada por otra publicación peronista uruguaya de menor importancia, La Idea
de Paso de los Toros, que exhibía sin tapujos su defensa del justicialismo como un
modelo a seguir, inspirado en una noción cristiana de justicia social.
62
Existen fuertes
indicios de que la fuente ideológica de estas nociones era el nacionalsindicalismo
español, el falangismo, que los peronistas uruguayos veían actualizado y revitalizado
en el justicialismo argentino. Mientras que el director de La Idea de Paso de los Toros
había sido señalado por sus simpatías fascistas durante la Segunda Guerra Mundial,
63
la trayectoria posterior del Movimiento La Escoba implicó un reconocimiento más
abierto de esa filiación falangista (Broquetas, La trama autoritaria 150-158).
El compromiso con este programa político, de cuestionamiento al sistema de
partidos y exposición de sus líderes, implicó que La Escoba publicara una multitud de
notas sensacionalistas de ataque a los referentes más importantes de los partidos
políticos. En términos generales se publicaban notas que aludían a la inmoralidad de
la élite política y económica del país, retratada, por ejemplo, en fastuosas fiestas en
59
«Los pueblos se impondrán», La Escoba, set. (primera quincena), 1953, p. 1.
60
Se concebía al conflicto bipolar de la Guerra Fría como el enfrentamiento entre un «capitalismo
individual», una «tiranía económica» basada en la «explotación del hombre por el hombre», y un
«capitalismo estatal», la «tiranía política» de la «explotación del hombre por el Estado» («Capitalismo,
raíz común de los imperialismos», La Escoba, jun. [segunda quincena], 1953, p. 4).
61
«La reforma económica», La Escoba, set. (segunda quincena), 1953, p. 1.
62
El periódico hizo suyas las palabras de Juan Isaac Cooke como presidente de la delegación argentina
ante las Naciones Unidas: «No puede existir la justicia social sin niveles de vida digna», La Idea, abr.
24, 1954, p. 2.
63
«Mi palabra», La Idea, may. 1, 1954, p. 1.
PERONISTAS URUGUAYOS: LA CGT URUGUAYA Y
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Punta del Este, en las que se constataba el «despeñadero total de las buenas
costumbres y la moralidad Cristiana, piedra angular de nuestra antigua sociedad».
64
No obstante, las notas que más se destacaban en este sentido eran las de la sección
«Autopsias de La Escoba», en las que mediante un lenguaje chabacano y un contenido
insultante, se analizaba la trayectoria política y la vida personal de esos líderes, con el
objetivo de exponerlos como corruptos y contrarios al interés nacional. Se los
presentaba como miembros de una oligarquía alejada del pueblo y que se aprovechaba
de él, una élite entregada a los designios del imperialismo estadounidense y que
manipulaba la opinión pública a través de su «prensa venal».
65
En cada entrega, la
columna se ocupaba de exhumar un «cadáver» (en clara referencia tanto a la idea de
muerte de los partidos y la oligarquía gobernante como a la idea de putrefacción como
degeneración moral); los más destacados son los líderes del nacionalismo
independiente Juan Andrés Ramírez —«el petizo de los mandados de los yanquis»—
66
y Eduardo Rodríguez Larreta —responsable de «el país made in usa»—,
67
ambos
presentados como serviles a los Estados Unidos; y Emilio Frugoni, «solterón
empedernido y de vocecita aflautada», «bellaco y provocador», disoluto organizador
de orgías, presentado como hipócrita defensor de los trabajadores al tiempo que
millonario.
68
A César Batlle Pacheco se lo presentó como una figura gris y un incapaz,
pésimo administrador y frecuentador de cabarets,
69
mientras que a Luis Batlle Berres
se lo consideraba un «vivo», cobarde durante el terrismo, traidor de la confianza de
Perón, oportunista y calculador que especuló con la muerte de Berreta y un corrupto
64
«Sodoma y Gomorra pálido reflejo de Punta del Este», La Escoba, mar. 25, 1954, p. 4.
65
«La prensa democráticatítere del capitalismo», La Escoba, oct. (primera quincena), 1953, p. 3 y oct.
(segunda quincena), 1953, p. 3.
66
Se lo señalaba como testaferro de empresas estadounidenses y servil a los intereses continentales de
la potencia hegemónica del continente, al condenar al «gobierno democrático del General Perón». Se lo
tildaba de «raro espécimen humano» y «liliputiense» («Autopsias de “La Escoba”. Juan Andrés
Ramírez», La Escoba, jun. [primera quincena], 1953, p. 3).
67
«Autopsias de “La Escoba”. Eduardo Rodríguez Arocena», La Escoba, set. (primera quincena), 1953,
p. 2.
68
«Autopsias de “La Escoba”. Emilio Frugoni», La Escoba, jun. (segunda quincena), 1953, p. 3.
69
«Autopsias de “La Escoba”. César Batlle Pacheco», La Escoba, jul. (primera quincena), 1953, p. 2.
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vinculado a todo tipo de negociados.
70
A Eduardo Blanco Acevedo se lo representaba
como un ser anodino, acomodaticio, sin convicciones ni principios.
71
La Escoba solo fue más indulgente con la figura de Luis Alberto de Herrera,
político identificado con posturas filoperonistas y en cuyo partido habían militado
muchos de los líderes del movimiento. A Herrera se le reconocía un pasado brillante,
como figura insurreccional y antioligárquica, pero se lo consideraba un político
agotado, que debía retirarse:
Herrera ha cumplido su ciclo; ni n sus gratuitos detractores podrán negar su
personalidad extraordinaria y los servicios prestados a la nación. Pero hoy, cuando esos
partidos políticos tienden a desaparecer […], Herrera, que tiene ganada una gran página en
la historia civilista de nuestro país, quiere y debe retirarse no como un derrotado, sino como
un vencedor que lo ha sido, al mantener enhiesta una bandera y una tradición que honra al
pueblo Oriental.
72
La Escoba coronó sus invectivas contra los partidos y sus líderes con la
publicación de una pieza teatral escrita por Omar Díaz, aparecida en varias entregas en
el periódico. Esta «farsa política en tres actos» enfrentaba a Juan Pueblo a los intentos
de persuasión y manipulación por parte de unos ridiculizados Andrés Martínez Trueba,
César Batlle Pacheco, Luis Batlle Berres, Emilio Frugoni y el comunista Eugenio
Gómez. Herrera, por su parte, al presentarse a los personajes, era puesto en escena
como un anciano sordo, disminuido en sus capacidades y atrapado en sus
contradicciones políticas.
73
Como fue adelantado más arriba, la propuesta de un «Estado sindicalista»
implicaba trascender el modelo económico de los «dos imperialismos», sustentados
sobre la base de diferentes formas de explotación, para realizar la aspiración de una
verdadera «justicia social» e independencia económica. No obstante, las referencias al
proyecto económico del movimiento siempre fueron vagas, al plantear de forma muy
70
«Autopsias de “La Escoba”. Luis Batlle Berres», La Escoba, jul. (segunda quincena), 1953, p. 2. En
otra nota, sobre la reunión entre Batlle Berres y Perón en 1948 se desarrollaron más algunos
argumentos, argumentando que Batlle Berres se había presentado inicialmente como amigo de Perón
para luego traicionarlo inclinándose hacia Estados Unidos («El abrazo de Batlle Berres y Perón», La
Escoba, jun. [segunda quincena], 1953, p. 3).
71
«Autopsias de “La Escoba”. Eduardo Blanco Acevedo», La Escoba, dic. (primera quincena), 1953, p.
2.
72
«¿Se retira Herrera de la política?», La Escoba, jul. (segunda quincena), 1953, p. 1.
73
«Blanco más colorado es igual a colegiado. Farsa política de actualidad en tres actos», La Escoba, jun.
(segunda quincena), 1953, p. 2.
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- 20 - CLAVES. REVISTA DE HISTORIA, VOL. 12, N.º 22 - (ENERO - JUNIO 2026) - ISSN 2393-6584
genérica la apuesta por un proteccionismo económico, pero sin un control centralizado
de la economía por el Estado, y la necesidad de medidas de impulso a la riqueza
nacional.
74
Las referencias más concretas a reformas económicas estuvieron
relacionadas al logro de una mayor independencia económica, destacándose una
prédica recurrente sobre la cuestión del petróleo: para La Escoba existían pruebas de
la existencia de petróleo en el subsuelo uruguayo, pero el servilismo de los gobernantes
a los Estados Unidos constituía el principal escollo para la prospección y
nacionalización del recurso, que estaba llamado a ser clave para la independencia
económica del país.
75
En suma, discurso antipolítico, «movimientismo», antiimperialismo, apuesta
por un «Estado sindical» sustentado en las nociones de «justicia social» de inspiración
cristiana y de independencia económica, y la defensa de un papel más importante para
una corporación militar nacionalista como reserva moral de la sociedad, eran las
premisas más relevantes de la ideología del Movimiento Revolucionario La Escoba.
Resta, sin embargo, dar cuenta de otro elemento que emparentaba al movimiento con
los fascismos, y que representaba para La Escoba el factor unificador del servilismo de
la oligarquía política, el imperialismo y la explotación, así como la degeneración moral
de la sociedad. Se trataba del señalamiento de la existencia de una conspiración judeo-
masónica global: «El cordón umbilical que los une a todos es la Masonería; esa fuerza
oscura y regresiva que desde la sombra, por medio de Logias Secretas, gobierna el país
valiéndose de los distintos partidos políticos, colocando hombres títeres al servicio del
judaísmo y el capitalismo internacional».
76
Los «políticos venales» uruguayos eran presentados como instrumento de
esta conspiración global, y en virtud de ello se reivindicaba un antisemitismo que
fue ganando espacio y virulencia en la publicación y llegaron incluso a aparecer
referencias explícitas a los Protocolos de los Sabios de Sión.
77
La Escoba, de esta
74
«Cómo nos asfixia el capitalismo foráneo», La Escoba, mar. 18, 1954, p. 2.
75
«El petróleo uruguayo», La Escoba, set. (primera quincena), 1953, p. 4; «El petróleo de nuestro país»,
La Escoba, oct. (segunda quincena), 1953, p. 4; «Desinterés oficial en encontrar petróleo», La Escoba,
ene. 21, 1954, p. 4; «Porqué [sic] no se encuentra petróleo», La Escoba, feb. 4, 1954, p. 4.
76
«Todo los une, nada los separa», La Escoba, ene. 28, 1954, p. 2.
77
Es una de las principales obras del antisemitismo trasnacional, un escrito apócrifo atribuida a líderes
judíos globales, que plantea la idea de una conspiración judeo-masónica mundial. Fue publicada en la
Rusia zarista a comienzos del siglo XX, para luego ser traducida a varios idiomas y difundida por el resto
del mundo.
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forma, hizo suya la misión de exponer los «tentáculos del judaísmo»:
Vamos a desenmascarar a esta misteriosa y tenebrosa asociación ilícita, a la cual pertenecen
la mayoría de los políticos venales de todos los partidos, que con tal de ver sus billeteras
repletas y satisfechos sus vicios y lujos, les importa un pepino que la Patria de Artigas o sea
juguete de la masonería, que a su vez ese instrumento del judaísmo internacional.
La masonería en América continuó, como aún lo vemos hoy, por medio del cinematógrafo
pornográfico yanqui, sueco, francés, etc., etc., que nunca habremos maldecido bastante; la
literatura sicalíptica; la moda extravagante; el habla grosera y obscena; el modal grotesco;
el impudor; y en fin, todo cuanto más puede ser digno de Hollywood u otros estudios por
el estilo. Siempre fue por medio de la prensa, la literatura y la radio, estipendiadas y
dominadas por el capitalismo internacional, que la masonería corrompió y dominó a los
pueblos instaurando los llamados «gobiernos democráticos».
78
4. La ilegalización de La Escoba
A partir del año 1954 La Escoba dio muestras de crecimiento. Las cifras de tiraje
que el periódico declaraba —20.000 en sus inicios hasta 100.000 en abril de 1954
eran exageradas, pero los informes policiales dan cuenta de un crecimiento de 5.000
en su primer número a 17.000 en febrero de 1954.
79
Además, pasó de una edición
quincenal a una semanal. El estilo de la publicación permaneció incambiado,
comprometido tanto con su discurso antipolítico como con la denuncia a la acción de
los exiliados argentinos.
Dos novedades, sin embargo, se podían apreciar en su contenido. Por una parte
una campaña de denuncia de la corrupción en los centros asistenciales de Salud
Pública en Montevideo y el interior del país, así como en algunas mutualistas privadas,
que implicaban a figuras del gobierno y permitía enfatizar la idea de una oligarquía
insensible a las necesidades más elementales del pueblo.
80
Por otra parte, la cobertura
de lo que la publicación llamó el caso de «la rubia misteriosa de Carrasco», que implicó
una campaña de desprestigio para la figura del ministro del Interior Antonio Fusco.
Esta cobertura implicó el uso de un lenguaje hiperbólico y la creación de expectativa
entre un número y otro, con el objetivo de captar la atención del blico y aumentar
las ventas. El caso era el del asesinato de un trabajador en Carrasco en 1949, cuya
78
«Los tentáculos del judaísmo», La Escoba, nov. (primera quincena), 1953, p. 2.
79
DI-SIE, caja 131, doc. 6, memorándum, mar. 29, 1954.
80
«Barriendo por Colonia», La Escoba, feb. 19, 1954, p. 3; «Los acomodos en Salud Pública», La Escoba,
abr. 8, 1954, p. 3; «Las denuncias contra el Hospital Vilardebó», La Escoba, feb. 25, 1954, p. 3; «Estafas
de la Médica Uruguaya», La Escoba, feb. 18, 1954, p. 4.
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- 22 - CLAVES. REVISTA DE HISTORIA, VOL. 12, N.º 22 - (ENERO - JUNIO 2026) - ISSN 2393-6584
última acompañante habría sido una rubia de alta sociedad, interrogada por la policía
en un primer momento, pero cuya participación en el hecho había sido encubierta por
orden del ministro Fusco.
81
Según afirma Omar Díaz en su autobiografía, la rubia no
era otra que la esposa de Fusco, Ana María Fabini (Díaz 50). A esto se sumaron otras
muertes poco claras, presuntamente encubiertas por la policía, que La Escoba asociaba
a la primera, aunque sin mostrar nexos claros.
82
La historia de la rubia misteriosa tenía
varias características representativas de aquello que La Escoba buscaba demostrar: el
menor valor de la vida del «pueblo», la corrupción y actos conspirativos de una
oligarquía para encubrir sus crímenes, su disipación moral representada por la
sugerencia de un adulterio, y la censura que se buscaba imponer para evitar el
conocimiento de la verdad, representada por una presunta reunión de Fusco con los
directores de los grandes medios para evitar que informaran sobre el hecho.
83
Estos eran los asuntos más relevantes para La Escoba cuando fue publicado su
último número, el 8 de abril de 1954. En esa entrega se denunció un secuestro
vinculado a una organización mafiosa liderada por Fusco y se promet profundizar en
el caso en la siguiente entrega. Al mismo tiempo, se anunciaba un acto público del
movimiento para el día siguiente en Montevideo. Ninguno de los anuncios fue llevado
a la práctica: el Ministerio del Interior clausuró el periódico, allanó su local y encarceló
a los dirigentes del movimiento. Aplicó los artículos 68 y 142 de la Constitución, que
facultaban a proteger la forma democrática republicana de gobierno y restaurar el
orden interno en la nación. El acta del Consejo Nacional de Gobierno que estipulaba
las medidas argumentaba que se trataba de una organización antinacional, con una
retórica revolucionaria que amenazaba la existencia de los partidos y por ello el orden
institucional de la república. Se afirmaba, exhibiendo los antecedentes de Omar Díaz e
interrogatorios previos a personas implicadas en el movimiento, que se trataba de una
organización que respondía a directivas y recibía financiación argentina. Se concluía
que se trataba de un movimiento que tenía una finalidad «francamente subversiva
contra los poderes del Estado, su organización constitucional y contra las instituciones
políticas, civiles y sociales, instigando abiertamente al pueblo a la desobediencia», y
que desarrollaba «una campaña de difamación e injuria contra figuras representativas
81
«El caso de la rubia misteriosa», La Escoba, feb. 11, 1954, p. 1.
82
«Integrada por figuras políticas y “sociales”», La Escoba, mar. 18, 1954, p. 1; «Quiénes integran la
maffia», La Escoba, mar. 25, 1954, p. 1.
83
«La nota del ministro Fusco», La Escoba, feb. 19, 1954, p. 1.
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de nuestro gobierno y nuestra sociedad creando un estado de verdadera conmoción y
alarma públicas», como parte de un plan metódico y sistemático de instigación al
desorden a través de la siembra del «odio de los gobernados contra los gobernantes».
84
La prensa antiperonista festejó la medida e informó con detalle la actuación de
la policía, el presunto hallazgo de armas en el local del periódico, y la identidad y
antecedentes de todos los detenidos.
85
Con la clausura de La Escoba y la prisión de sus responsables se acalló la
principal voz filoperonista en Uruguay y se acabó la experiencia política de un núcleo
de dirigentes que, con asistencia del gobierno argentino, buscaba poner en práctica en
Uruguay lo que interpretaban como las bases fundamentales del modelo justicialista.
Su suerte había sido accidentada: la opción de la vía sindical había tenido un breve
momento de crecimiento, pero se había agotado en el marco de la escalada represiva
de 1952, mientras que la alternativa de un movimiento político más amplio se había
visto abortada por una medida represiva bastante extraordinaria en la historia política
de un país. Aunque el peligro representado por el comunismo y las demandas para su
ilegalización fueron aspectos recurrentes en el discurso de las derechas durante el
período, el peronismo parecía ser una amenaza más cercana y palpable, que debía ser
enfrentada con medidas más enérgicas. La presencia de dinero argentino, «agentes»
peronistas y su copiosa propaganda era más visible que un peligro comunista aún
concebido como relativamente lejano. El desafío de los peronistas uruguayos, además
de ideológico, entrañaba una invectiva moral contra la élite política del país. Su líder,
Omar Díaz pa diecinueve meses en prisión: cuando recuperó su libertad Perón
había caído.
5. Reflexiones finales
No puede negarse que la existencia de organizaciones identificadas con el
peronismo en Uruguay debió mucho a la estrategia del gobierno argentino, cuyo
objetivo era desestabilizar y forzar la derrota electoral de gobiernos que consideraba
hostiles y peligrosos, al tiempo que buscaba desplegar una actividad propagandística
84
Actas del Consejo Nación de Gobierno, sesión del 4 de setiembre de 1954, pp. 6-7.
85
«Fue clausurado el pasquín difamatorio “La Escoba”», El Plata, abr. 9, 1954, p. 14; «Fue clausurado
el local de redacción y el taller donde se editaba una publicación difamatoria», El Día, abr. 10, 1954, p. 7;
«Policía. Fueron remitidos otros integrantes del pasquín difamatorio», El Día, abr. 14, 1954, p. 7; «Probó
el Poder Ejecutivo que “La Escobarecibía subvenciones del extranjero», Acción, abr. 10, 1954, pp. 5,
10; «Apoyo unánime», El Plata, abr. 17, 1954, p. 3.
PERONISTAS URUGUAYOS: LA CGT URUGUAYA Y
- 24 - CLAVES. REVISTA DE HISTORIA, VOL. 12, N.º 22 - (ENERO - JUNIO 2026) - ISSN 2393-6584
que intentó sin éxito contrarrestar la prédica de los antiperonistas uruguayos o
argentinos exiliados. Existen fuertes indicios de que la organización de la CGT-U
primero y el Movimiento Revolucionario La Escoba más tarde, recibieron el apoyo
logístico de los agregados obreros argentinos —en el caso de la central sindical— y el
apoyo financiero del gobierno de Perón, así como del empresario de Carmelo Pedro
Daniel Baridón, con inversiones en astilleros y areneras, y estrechos vínculos con el
gobierno argentino.
86
No obstante, no puede reducirse a esta instigación y
dependencia la explicación de la existencia de tales organizaciones. Al igual que el
herrerismo, principal fuerza política uruguaya que mostró una orientación
filoperonista, la CGT-U y el Movimiento Revolucionario La Escoba hicieron una
reapropiación selectiva del modelo justicialista. El devenir político de estas
organizaciones y sus definiciones ideológicas permiten afirmar que se nutrieron de una
matriz fascista, y que encontraron en el peronismo un modelo afín y disponible al que
adscribir y reinterpretar.
87
Lo atractivo del justicialismo radicaba en su nacionalismo
antiimperialista, americanista y de impronta católica, en su retórica antioligárquica
simple y maleable en función de los intereses derivados del contexto político local. Esto
puede explicar su adopción en la difícil readaptación, por parte de estos sectores, de
sus simpatías fascistas a un contexto político de la posguerra signado por el rechazo a
los fascismos y el imperativo de las derechas otrora filofascistas de reconvertirse en
demócratas.
Entenderlo en estos términos, de reapropiación selectiva del peronismo por
estas derechas fascistas en un proceso de redefinición de su lugar en el escenario
político y de sus estrategias, permite matizar una historia de la proyección continental
del peronismo excesivamente centrada en sus presuntos designios imperialistas
86
Baridón integraba el ejecutivo de la Comisión Nacional de Amigos de la Argentina, formada en 1951
con el objetivo de presionar al gobierno uruguayo a abandonar la política de confrontación con el
peronismo “Radiografíade la infiltración peronista», La Unión, oct. 28, 1952, pp. 1, 7). La institución
estaba integrada por varios capitalistas perjudicados por las tensiones diplomáticas, que a su vez daban
apoyo a los gremios afiliados a la CGT-U —Baridón al de areneros, Armando Regusci y Voulminot al del
sector naval—. Aunque el nombre de Baridón se encuentra tachado en los documentos policiales, el
testimonio de Pascual Morales en un tribunal de honor de las Fuerzas Armadas permite corroborar que
se trata de él (DI-SIE, caja 108-130, doc. 118, memorándums del agente infiltrado [Vicente Denis], set.
24, 1952 y set. 25, 1952; Archivo del Ministerio de Defensa Nacional, legajo del Tte. Cnel. Pascual
Morales, testimonio de Pascual Morales ante el tribunal de honor del Ejército, ago. 24, 1953, f. 18).
87
Como muestra de esto, cabe destacar que en los inventarios de objetos incautados tras la disolución
de La Escoba en el local del periódico y los domicilios de los procesados, aparece numerosa literatura de
propaganda peronista, pero también textos de contenido fascista y antisemita, así como retratos de Eva,
de Perón y de Mussolini (DI-SIE, caja 131, doc. 1, nota de envío de materiales incautados al Depósito
Judicial de Bienes Muebles, may. 14, 1954; DI-SIE, caja 131, doc. 3, primer interrogatorio
[anonimizado], abr. 21, 1954).
FERNANDO ADROVER
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(Zanatta 2013), pero también relativizar la excesiva simplificación que brindan otras
interpretaciones, de carácter más celebratorio de la influencia peronista fuera de
fronteras (Panella 1996; Parcero 1987; Urriza 1988). Estas suelen rechazar la idea,
como parte de una leyenda negra del peronismo, de su asociación con gobiernos
dictatoriales o derechas filofascistas, y en contraposición lo presentan como asociado
a las «fuerzas progresistas» del continente (Urriza 32). En Uruguay el peronismo se
asoció con exponentes de una derecha fascista o filofascista. La CGT-U fue una central
sindical muy vinculada a la patronal, de orientación anticomunista y contraria al
anarco-sindicalismo, no clasista en sus definiciones, que apostaba por la conciliación
de clases. El Movimiento Revolucionario La Escoba, en su proyecto de un Estado
sindicalista, su exaltación de la corporación militar como reservorio moral de la nación
y su furibundo antisemitismo, evidenció nutrirse de una matriz ideológica fascista.
Federico Finchelstein (2018) sostiene que se dio un proceso de adaptación del
fascismo, en tanto ideología trasnacional, al escenario de posguerra en América Latina
a formas de «posfascismo populista», de orientación «clericofascista», que mantenía
su fuerte anticomunismo, aunque matizaba sus aspectos más antiliberales. Más allá de
lo polémico de esta tesis como clave interpretativa para entender el surgimiento y la
naturaleza del peronismo, el planteo de Finchelstein se ajusta a las características del
proceso de adaptación que siguieron los peronistas uruguayos, antiguos simpatizantes
del falangismo en el período de entreguerras y en los albores de la Segunda Guerra
Mundial.
Analizar las posibilidades del contexto en que el peronismo businfluir, los
interlocutores posibles con los que vincularse y sus intereses, así como las necesidades
del gobierno peronista en su política exterior en relación con cada país, son aspectos
clave para ofrecer una mirada matizada que asuma que sus alianzas fuera de fronteras
fueron muy diversas.
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